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Las piruetas de Mercedes

Las compras, que antes concentraba en tres lugares, hoy las hace en por lo menos siete. Y se pasa a marcas más baratas.

13 de marzo de 2010 a las 11:00 p. m.
Las piruetas de Mercedes

Mercedes admite que pierde más tiempo y gasta más plata. “Voy una o dos veces por semana al Mercado Norte, busco precios y compro lo que está barato”, cuenta.

La verdura, los martes en la feria. Los artículos de limpieza, en un distribuidor grande al que van, a medias, con una vecina. Los sábados aprovecha en el súper los descuentos de la tarjeta de débito de su hijo para almacén y alguna oferta. “Pero no mucho, porque en blanco cobra 1.300 pesos y se le acaban enseguida”, confiesa.

Mercedes es abuela, ama de casa, cocinera de una familia de seis y un ejemplo de cómo la suba de precios cambia los hábitos y el ánimo de los argentinos.

Las compras, que antes concentraba en tres lugares, hoy las hace en por lo menos siete. Se pasa a marcas más baratas en algunas cosas, desde diciembre compra cada vez menos carne o la cocina “de forma muy rendidora” y cuando encuentra algo en precio, compra en cantidad y lo guarda para más adelante.

“Tenemos con mi nuera jabón en polvo y pañales hasta octubre, por lo menos”, admite. Y se queja porque en el mercadito de la esquina le confesaron que retocan los precios día de por medio.

Lo que ha sucedido en febrero es alarmante. Los economistas hablan de “espiralización” de la inflación: las subas ya no tienen explicaciones lógicas y se mueven más por las expectativas que por razones objetivas. Es la más difícil de frenar, más cuando las mediciones corroboran la estampida.

Desde 2002, la canasta que releva todos los meses La Voz del Interior no registraba una escalada como la de febrero, con el 8,3 por ciento.

Lo lamentable, Mercedes, es que no hay indicios de que alguien o algo vaya a ponerle freno. Si bien es cierto que la carne explica buena parte de la estampida (y algunos dicen que hacia fines de marzo podría bajar), ya no hay plan.

En 2006 funcionaron los controles de precios, en 2007 proliferaron los acuerdos entre la industria y la Secretaría de Comercio y después se fraguaron los índices que miden la inflación. Ya nada da resultado.

La presidenta Cristina Fernández habló en dos oportunidades esta semana, (encendiendo más la mecha para una crisis institucional), pero no dedicó ni una sola palabra a la suba de precios. Mientras tanto, en todas las familias hay al menos una Mercedes cada vez más alarmada, haciendo piruetas.