Las Farc liberaron a uno de sus rehenes más antiguos
Pablo Emilio Moncayo pasó más de 12 años en la selva. Se reencontró con su familia y una hermana que no conocía.
Florencia (Colombia). El sargento Pablo Emilio Moncayo llegó ayer a la ciudad colombiana de Florencia como un hombre libre después de pasar 12 años en poder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), que lo entregaron a una misión humanitaria.
Moncayo llegó a bordo de un helicóptero militar a las 17.40 (19.40 hora argentina). Había sido entregado en la jornada en las selvas colombianas a una comisión del Comité Internacional de la Cruz Roja (Cicr), a la senadora Piedad Córdoba y al obispo católico Leonardo Gómez.
Vestido con traje militar camuflado y botas negras, Moncayo descendió del helicóptero e hizo señas a su familia para que no corriera y luego todos se unieron en un abrazo.
Gustavo Moncayo, padre del uniformado, y María Stella Cabrera, la madre, le entregaron margaritas blancas, mientras las cuatro hermanas le daban besos y abrazos en medio de las sonrisas de Moncayo.
Después dirigió un saludo marcial a militares de Florencia, capital del departamento de Caquetá, ubicada 380 kilómetros al sudoeste de Bogotá.
Sin cadenas. Tras pasar algunas horas reunido con sus familiares, el ex rehén retiró las cadenas que llevaba su padre en las muñecas como símbolo del secuestro.
"Escuché a mi padre que deseaba que yo le quitara las cadenas, entonces ese acto lo voy a realizar en este momento", dijo el militar, y retiró la cadena metálica que Gustavo Moncayo llevaba en las muñecas al menos desde 2007, cuando comenzó una campaña en pos de la liberación de su hijo.
Muy sereno, Moncayo compareció con un tono pausado ante la prensa en el mismo aeropuerto de Florencia. Allí dio las gracias a los presidentes de Ecuador, Rafael Correa; de Venezuela, Hugo Chávez, y de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva.
Sobre su regreso a la libertad, Moncayo destacó lo asombroso que fue para él "volver a ver civilización". "Me dejan sumamente admirados todos los avances tecnológicos de lo poco que he visto hasta ahora", remarcó.
También observó que su familia cambió mucho, pero remarcó: "Siguen siendo aquellos seres amorosos que siempre me brindaron su apoyo".
Pablo Emilio trajo a la libertad un mensaje de sus compañeros de cautiverio, quienes le pidieron que busque a una organización no gubernamental internacional para ayudarles a ser liberados porque sienten que sus vidas están amenazadas.
Sobre las Farc, Moncayo se limitó a decir que "son una realidad, no se les puede negar por más que se quiera, parecen invisibles, pero ahí están".
Por último, confesó que durante los 12 años de cautiverio meditó mucho y tomó una decisión: "Si Dios quiere, de pronto, más adelante la puedo compartir con todos ustedes", fue lo que respondió cuando le preguntaron si seguirá en el ejército.
La guerrilla dice que llegó la hora del canje humanitario
Las Farc aseguraron que con la entrega unilateral de Moncayo el "camino queda desbrozado" para que se haga de "inmediato" un canje de rehenes por guerrilleros presos.
Un comunicado de las Farc divulgado a través de la Agencia de Noticias Nueva Colombia (Anncol) señaló que con las entregas unilaterales de Moncayo ayer y del soldado Josué Daniel Calvo el domingo se debe dar paso al acuerdo humanitario.
Los rebeldes consideran que esa es la "única forma viable para que, sin menoscabo de la integridad física, regresen a la libertad los prisioneros que están en la selva", en referencia a los secuestrados en su poder, lo mismo que los guerrilleros "presos en las mazmorras de Colombia y de los Estados Unidos".
Agregaron que ese hecho debió producirse hace 10 meses, pero que la "fabricación de pretextos artificiales por el gobierno" prolongó de manera "torturante e injustificada" la entrega.
La guerrilla hizo además un llamado a la comunidad internacional y al grupo Colombianos y Colombianas por la Paz para que sumen voluntades y esfuerzos encaminados a alcanzar un "canje de prisioneros de guerra".
También agradeció al presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, "sin cuyo concurso hubiera sido imposible la realización de esta empresa humanitaria".

