La fiesta perdida
Para millones de argentinos, el 1º de Mayo no es día de festejo.
Aunque la mayoría de los calendarios identifican al 1º de Mayo como "Fiesta Nacional del Trabajo", la conflictiva realidad argentina transforma a la conmemoración en una jornada de descanso.
Descansan los jóvenes, que peregrinan a diario en busca de trabajo, aunque sea informal, con menores salarios en relación con el personal en actividad, lo que agravia el principio constitucional de igual remuneración por igual trabajo. Aceptarían cualquier posición informal que se les ofreciese, sin derechos ni protección alguna, renunciando a los aportes previsionales y para obras sociales, las vacaciones pagas, las indemnizaciones por despido sin causa, por accidentes laborales o por enfermedades inculpables.
Descansan los jóvenes sometidos a jornadas que exceden largamente los límites legales, y con francos rotativos quincenales. Sólo el 36 por ciento de los jóvenes trabajadores cuenta con derechos laborales plenos frente a casi la mitad en los adultos. En el cuarto trimestre del año pasado, el empleo "no registrado" se ubicó en 32,4 por ciento en Gran Córdoba, una levísima disminución en relación con el trimestre anterior y dos puntos menos que en el mismo trimestre de 2008 (34,5). La cifra es la más baja desde 2000, cuando superaba el 40 por ciento, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). De todos modos, el acceso al trabajo no supone el reconocimiento de plenos derechos: unas 150 mil personas que trabajan en el Gran Córdoba no tienen aportes sociales; es decir, prácticamente uno de cada tres obreros y empleados, ya que en total, en la Capital provincial y su conurbano, se cuentan 467 mil trabajadores.
Descansan de búsquedas interminables las mujeres jóvenes, porque las empresas se resisten a emplearlas apelando al argumento de que si tienen hijos, aumenta el ausentismo. Descansan los jóvenes profesionales que padecen lo que los sociólogos describen como "subcalificación en las tareas y precarización del empleo", con el agravante de que al acceder a un trabajo inferior a su formación desplazan mano de obra de menores niveles educativos, lo que torna aún más difícil la reinserción de los desplazados. Entonces, para millones, el 1º de Mayo no es un día de festejo; si es algo, apenas es una amarga irrisión.
Un informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) estableció que, entre los trabajadores de sectores bajos, sólo 16 por ciento conserva puestos con plenos derechos, frente a un 60 por ciento en sectores medios. Y más de un tercio de los pobres apenas accede a ocupaciones precarias, engrosando las filas de la proletarización.
No es, entonces, un día de festejo. Más bien debería ser el de un renovado compromiso de la sociedad y los gobiernos para luchar por mejores condiciones y mayor accesibilidad a un derecho inalienable de los seres humanos.

