La atomización no aporta calidad
El Parlamento votará cada semana diferente.
El Parlamento votará cada semana diferente. Mayorías y minorías irán variando por hora en los próximos meses.
Este comportamiento variable, que tantas veces se reclamó como parte de la pretendida calidad institucional, también puede considerarse como un aporte de imprevisibilidad a un país escasamente previsible.
Los festejos, al estilo victoria deportiva, de la conjunción de bloques opositorespara controlar las comisiones en ambas cámaras no implicaron más que eso, un gesto que acota el margen de acción del kirchnerismo. Nada más que eso.
Habrá legisladores del heterogéneo bloque opositor que acompañen iniciativas del oficialismo, así como aliados del oficialismo que pueden estar junto a opositores en determinados temas. Y cada semana habrá que contar los porotos. Los que clamaban por un Congreso que no sea una escribanía del Ejecutivo van a comenzar a quejarse de la escasa previsión que tenga el comportamiento de ambas cámaras.
Hoy puede que se festeje el triunfo de la media sanción de la coparticipación total del Impuesto al Cheque, sin reparar que se consagra un impuesto regresivo, ni que el Ejecutivo puede vetarlo o cerrarle el grifo por los mismos fondos que pueden recuperar las provincias.
Oficialistas y opositores tienen más elementos en contra de ambos. Cada semana que pase es una semana menos que les queda a los Kirchner en el poder, lo cual puede debilitar al oficialismo; pero es una semana menos para las elecciones y cada bancada opositora va a intentar diferenciarse de la otra para tener elementos que los distancien en la campaña.
Por ende, no es de extrañar una atomización de un Parlamento que en el último año y medio ganó un protagonismo que tuvo escasas veces en la historia democrática. Y se gobierna con mayorías, no con pedacitos de minorías.
También hay que tener en cuenta que el deterioro de la calidad institucional no es sólo un producto K. Varios caciques de la oposición han hecho su aporte.

