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Insuficiencia renal crónica en chicos

Los chicos pueden tener una vida muy cercana a la normal. Rodolfo Martini.

14 de abril de 2010 a las 12:01 a. m.
Rodolfo Martini (Nefrólogo pediatra)
Insuficiencia renal  crónica en chicos

Es clásico considerar que el niño con insuficiencia renal crónica es desnutrido, que no crece, que pierde su apetito y sus fuerzas, tiene anemia; más tarde deformaciones en su esqueleto y, por último, hipertensión arterial, hinchazón y trastornos del sistema nervioso por el aumento de los niveles de urea en la sangre, debido al mal funcionamiento renal .

Esto obliga a dietas restrictivas, en especial en carne y sal, lo que genera una contradicción entre la necesidad de evitar síntomas y el crecimiento y desarrollo del niño y sus hábitos. A su vez, la necesidad de tomar múltiples medicinas (para el apetito, para la anemia, los problemas de huesos, la presión arterial alta o para detener su enfermedad como es el caso de la cortisona o los llamados inmunosupresores) determinan que el niño “coma” más medicamentos que alimentos.

Por último, al llegar al estado de intoxicación por urea, cuando se necesita diálisis o trasplante renal, los chicos llegan en muy malas condiciones y las familias, exhaustas por los cambios en el ritmo de vida, en la alimentación, y los constantes desplazamientos para controles y tratamientos, sólo posibles en el hospital.

Los avances científicos y la experiencia ganada tras 25 años de asistir a niños con insuficiencia renal crónica permiten decir que si se logra desarrollar un trabajo mancomunado entre los centros de atención especializados y las familias, estos chicos pueden crecer y desarrollarse, y llevar una vida muy cercana a la normal. El correcto tratamiento y control de enfermedades que puedan provocar insuficiencia renal en esta edad –como malformaciones urinarias con infecciones repetidas, poliquistosis renal, síndrome urémico hemolítico y glomerulonefritis– representa el primer objetivo. Y en esto el rol de la familia es esencial.

Es imprescindible también un reconocimiento temprano del problema ya instalado: ante la aparición de inapetencia, sed excesiva, palidez, desgano y abundante cantidad de orina, la consulta no debe demorarse.

Además, es importante desarrollar lo que se llama “nefroprotección”, que no es más que el cuidado de los riñones a través de alimentación apropiada y saludable; prevención de infecciones con una vacunación completa; y evitar nuevas agresiones como las que representan los medicamentos analgésicos antiinflamatorios u otros tóxicos. Existen también algunos medicamentos “nefroprotectores”, pero deben usarse con precaución.

Y si bien estos niños deben ser controlados en forma periódica por especialistas para evitar complicaciones, hay que tener presente que deben estar menos tiempo en los hospitales y más tiempo en su casa. Y esto se logra con una complementación estrecha entre la familia y el centro de atención, y con el entrenamiento de los padres en los cuidados del niño.

Ante la situación extrema, el trasplante es el tratamiento electivo y puede hacerse sin diálisis previa si existe un donante vivo relacionado. Si no, deberá inscribirse en el Incucai, y recibir diálisis. Se recomienda la peritoneal, que permite mantenerlos en el hogar, y preservar sus actividades escolares y sus juegos.