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El buen gobierno también es una cuestión de actitud

Ni en sueños se puede imaginar hoy que un presidente de nuestro país se retire con el 84 por ciento de popularidad.

17 de marzo de 2010 a las 12:00 a. m.
Jorge Londero
El buen gobierno también es una cuestión de actitud

El viernes pasado, en oportunidad de asistir al Quinto Congreso Internacional de Periodismo Médico que se realizó en Buenos Aires, tuve la suerte de escuchar en persona a Tabaré Vázquez, quien, a pocos días de haber dejado de ser el presidente de Uruguay, ofreció el discurso inaugural de ese encuentro que reunió a periodistas y médicos de varios países.

Confieso que fui a buscar en la experiencia algunas claves o pistas para entender, desde las actitudes y más allá de las gestiones –que siempre tienen aciertos y desaciertos– cómo puede ser que este médico oncólogo se haya retirado del gobierno con un récord para su país de más del 60 por ciento de aprobación de la ciudadanía luego de cinco años.

¿Cómo no nos pasa algo así a los argentinos?, fue la pregunta inevitable, sin mayores ambiciones, ya que ni en sueños se puede imaginar hoy que un presidente de nuestro país se retire con el 84 por ciento de popularidad con el que Michelle Bachelet (otra médica, dato no menor) le entregó la presidencia de Chile a Sebastián Piñera, crisis financiera y devastador terremoto de por medio. Y ni hablar de Lula en Brasil.

Pero vuelvo a la experiencia de haber escuchado en vivo a Tabaré Vázquez para decirles que, en relación con mi búsqueda de actitudes, encontré algunos reflejos del éxito de imagen de su gestión en la tranquilidad y humildad de su discurso, en la elección cuidadosa de sus palabras (prefiere decir “aportes” antes que “aciertos” o “logros”, elige hablar de “puntos de vista” antes que dar por hecho que algo debe ser o es como él lo dice, entre otras cosas), en su mirada franca y en la ausencia de revancha y de soberbia de sus posturas... Y así, de pronto, pese a ser tendenciosa mi percepción, porque en realidad lo estaba comparando con Néstor Kirchner y con Cristina Fernández –desde el vamos, mi experimento personal contaba con el prejuicio de saber que la imagen positiva del matrimonio que nos gobierna desde hace casi siete años ya ni alcanza al 20 por ciento–, entendí que, en efecto, y como lo esperaba, gobernar bien, o al menos gobernar como lo esperan los ciudadanos que eligieron a ese gobernante, es una cuestión de actitud.

Tabaré Vázquez, por sólo citar un ejemplo, no dejó su vocación de médico oncólogo y siguió atendiendo a sus pacientes con cáncer todos los martes, algo por lo que fue criticado por la oposición. Esa y otras actitudes, como las que pude ver en persona, tengo para mí, lo mantuvieron con los pies en la tierra, cerca de la gente y de sus sentimientos, un buen dato para entender por qué, después de un lustro de gestión, terminó con la aceptación de la mayoría.