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Dueña vende

El argumento “dueña vende” mantiene su eficacia a la hora de promocionar un vehículo usado. Juan Carlos Carranza.

12 de abril de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Dueña vende

¡Qué dilema ir a comprar un automóvil usado!

¡Cuántas dudas! ¿El motor estará bien? ¿Tendrá algún choque y no me doy cuenta? ¿Por qué el dueño se lo quiere sacar de encima? ¿Qué es ese ruidito raro que escucho en el motor?

Para quienes se declaran totalmente incompetentes en materia de mecánica del automotor, la compra de un usado requiere otras sagacidades. Un profundo espíritu indagatorio y el ejercicio permanente de la duda, al menos.

Todo esto es un desafío para ciertos rapaces vendedores de automóviles. Una de las principales estrategias de venta es apelar a la “mujer-dueña”, como si eso fuese una garantía inobjetable del buen estado del vehículo.

Es un clásico ir a una concesionaria de usados y escuchar este espiche: “Está nuevo, el motor está impecable, lo usaba una señora-médica-profesora para ir del supermercado-consultorio-escuela a su casa”.

“Cuando al cliente le decís que el auto perteneció a una mujer, de inmediato en su inconsciente surge la imagen de un vehículo que no ha sido ‘zarandeado’. No es que la mujer maneje mejor que el hombre, pero sí es más cuidadosa.

Una señora no es de andar haciendo picadas o de circular a alta velocidad. Lo más probable es que ese vehículo tenga rayones, bollos leves, pero seguro que el motor está bien”, señala Andrés, un experimentado vendedor de autos, que conoce todos los secretos del rubro.

Cuestión de manejo. Está tan extendido el ardid de apelar a la mujer para vender un vehículo, que los clientes ya desconfían que estos autos estén en mejores condiciones que aquellos que han sido manejados por hombres.

Es posible que los caballeros manejen más rápido, que sean más propensos a las aceleraciones, pero los hombres tenemos una ristra de quejas sobre el modo en que manejan las mujeres.

Uno de esos lamentos está dirigido a los excesos en el uso del embrague. “Cuando esperamos la luz del semáforo, no consigo que mi mujer ponga punto muerto y suelte el embrague”, comenta Alfredo, un marido de pocas pulgas, quien, como muchos, se pone muy nervioso cuando va de acompañante de su esposa.

La cuestión es que el argumento “dueña vende” mantiene su eficacia a la hora de promocionar un vehículo usado, más allá de que eso no sea una garantía de nada.