Danza de necesitados
El gobernador Juan Schiaretti, su antecesor José Manuel de la Sota y los Kirchner por distintas circunstancias, se necesitan mutuamente. Julián Cañas.
En los vaivenes de la cambiante relación entre el gobernador Juan Schiaretti, su antecesor José Manuel de la Sota y los Kirchner, hay un denominador común: por distintas circunstancias, se necesitan mutuamente. Y todo indica que, más allá de algún distanciamiento circunstancial, las urgencias políticas los obligan a estar en el mismo barco.
Schiaretti está convencido de que el ciclo del kirchnerismo terminará en diciembre del año próximo. Con encuestas propias, asegura en privado que el error político de pelearse con el campo le costó la ruptura con bastos sectores de la sociedad.
Pero Schiaretti tiene por delante 20 meses de gestión de una provincia endeudada y dependiente de la Nación. En este contexto, el gobernador intenta no quedar pegado a todas las decisiones de los Kirchner, aunque tampoco puede marcar una distancia definitiva.
Por su parte, De la Sota pasó de ser un antikirchnerista furioso, pocos días después de dejar el poder, a tener ahora contactos aceitados con los K, a través del poderoso ministro de Planificación Federal, Julio De Vido.
El ex gobernador no se volvió kirchnerista, pero argumenta que si quiere volver a la Casa de las Tejas, la gestión de Schiaretti debe terminar lo mejor posible. Es decir que necesita del respaldo del Gobierno nacional.
Los Kirchner, que están sentados sobre la caja, si aspiran a seguir en el poder necesitan en Córdoba del PJ que hoy lideran Schiaretti y De la Sota. En las últimas elecciones legislativas quedó demostrado que el kirchnerismo no llega a los dos dígitos de intención de votos entre los cordobeses. Una cifra demasiado baja para un aspirante presidencial, en el tercer distrito electoral del país.
De la Sota, ansioso por oficializar su candidatura a gobernador, ya eligió la estrategia para no tener que pelearse con los K: votar primero para gobernador en Córdoba. Schiaretti aún no dio señales de estar dispuesto a aprobar esta jugada delasotista, pero la realidad marca que no tiene demasiadas alternativas para alimentar las chances del peronismo de repetir un triunfo, después de 12 años en el poder.

