Bueno, desmejorando por la tarde
¿Quién puede decir cuándo el clima es bueno o malo?
Los pronosticadores del tiempo tienen por costumbre asociar el buen tiempo a un día soleado, sin considerar que existe muchísima gente que disfruta de las jornadas con cielo plomizo o de contemplar la caída de la nieve tomando chocolate caliente. Y ni hablar del poeta, que se inspira mirando la lluvia caer a través de la ventana.
En este sentido, una copiosa nevada en las Altas Cumbres es motivo de alegría y una buena oportunidad para viajar a admirar el paisaje. En cambio, para los canadienses ciertamente es causa de fastidio.Pero hay situaciones objetivas: si en Córdoba no llueve, no se llenan los diques, hay crisis hídrica y comienzan los cortes rotativos del servicio en algunas localidades. Entonces, en tiempos de sequía, que llueva jamás podría calificarse como "mal tiempo".
Susceptibilidad. José Antonio Maldonado es un meteorólogo que trabajó en TVE de España y actualmente posee un blog en Internet (http://maldonado.eltiempo.es).
Allí se pregunta: "¿Cuándo se debe decir mal o buen tiempo?".Maldonado cuenta que los televidentes sabían "llamarlo al orden" por emplear la frase "mal tiempo" cuando llovía en tiempos de sequía.
Gastronomía. "Por eso –dice Maldonado–, para no herir susceptibilidades (les recuerdo que mi refrán favorito, el único en el que creo al ciento por ciento, es el que dice que 'Nunca llueve a gusto de todos'), he procurado y procuro emplear lo menos posible los calificativos de bueno y malo. No obstante, tengo mi opinión al respecto, muy discutible, por supuesto, y la voy exponer. A mí me parece que un día en el que a las 2 de la tarde haya una temperatura de 20 grados, el cielo esté despejado y el viento en calma o sople una ligera brisa, se puede calificar de agradable, y si al regresar a casa nos preguntan qué tiempo hace en la calle no mentimos si decimos que muy bueno".
El meteorólogo hace otra disquisición sobre esta cuestión de calificar las cosas como “buenas” o “malas”, mediante una analogía con el mundo gastronómico. Y dice que por el hecho de tener altos índices de colesterol o ácido úrico, nunca podría calificarse como “malo” un plato de jamón ibérico, unos langostinos de Sanlúcar o una langosta gallega acompañados por un fino de Montilla-Moriles, de Rioja, de Ribera del
Duero o del Somontano. "Yo soy cocinero y cocino; para la salud, que se ocupen los médicos", decía "el Gato" Dumas agregando un ingrediente más a la polémica.
Y como sobre gustos no hay nada escrito, tal vez sería mejor que dejemos que cada cual decida en qué vereda quiere ser bueno o malo, como pretende Alejandro Dolina en la cuadra del Ángel Gris, en el barrio porteño de Flores.

