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500 kilómetros de grietas tapizan la ruta 5

Es la distancia que separa la capital del país de la zona del mayor desastre del 27 de febrero. Penurias y desencanto.

28 de marzo de 2010 a las 12:00 a. m.
Sergio Carreras (Enviado especial)
500 kilómetros de  grietas tapizan la ruta 5

En la esquina de Rengo y Barros Arana, pleno centro de la ciudad de Concepción, 200 personas casi cortan el tránsito mientras miran una pala mecánica trepada a un segundo piso y que la emprende contra los restos de un edificio que se derrumbó en el terremoto del 27 de febrero. Concepción fue la ciudad ubicada a menor distancia del epicentro del gran sacudón, también fue la más golpeada por los saqueos y al cumplirse un mes de la tragedia, el presidente chileno Sebastián Piñera la eligió para dar a conocer sus últimos anuncios de reconstrucción.

La pala mecánica la emprende contra los pisos, las paredes que conservan los cuadros colgados, los escritorios, los percheros, los rincones secretos de las personas que trabajaron ahí quizá una vida entera. La mitad del público toma fotos con sus celulares, el resto parece a punto de llorar. A pocos metros, sobre los escombros de otro edificio derruido varias plantas, una madre con dos nenas revuelven entre los ladrillos ajenos y rescatan una pizarra, una muñeca, unas aspas de ventilador, mientras la gente pasa y las mira sin saber si llamar a un policía o quedarse calladas y seguir su camino.

Allí cerca, en Talcahuano, es casi imposible andar en auto. Las calles permanecen cerradas ante el peligro de que numerosas viviendas y edificios, rajados por cada pared, terminen por caerse sobre los distraídos. Junto al arrasado Mercado municipal, reposan todavía dos barcos enormes que fueron arrojados por el mar. Más allá, otra avenida está obstaculizada por tres barcos, de igual tamaño, que siguen ocupando el lugar de los vehículos o esperando que el mar quiera venir a rescatarlos.

Calles oscuras. Quizá la ciudad más sacudida sea Talca, la que más construcciones de adobe conservaba. Tiene rotas sus iglesias, sus comercios, todas sus casas de barrio. Hasta mirando los escombros se puede adivinar que es una ciudad hermosa, con viviendas dibujadas por molduras, delicados frontispicios y viejos balcones. Los vecinos rescatan entre los restos los viejos ladrillones de adobe y los apilan en su vereda, como desafiando a la geología y avisando que volverán a ponerlos de pie.

A las 4.30 de la mañana, entre las montañas de escombros que hay levantados en cada rincón de Talca, una pareja de ancianos está sentada en la vereda, frente a su casa apuntalada. Dos espectros. Unos metros más adelante, por la avenida O'Higgins, dos militares con armas largas y pasamontañas, detienen el vehículo de La Voz del Interior. Fue la primera de tres detenciones de la madrugada del pasado jueves. "¿No sabe que hay toque de queda y debe circular con la luz interior encendida? ¡Tenemos autorización de disparar a cualquier auto que ande sin el pase de las Fuerzas Armadas!". A pocos metros del grito de los guardias, de una veintena de carpas entran y salen madres con bebés en brazos, viejos que no pueden dormir, chicos que lloran.

La ruta nacional 5, columna vertebral de Chile y única que se extiende a lo largo de su angosto territorio, es una sucesión ininterrumpida de conos naranjas y carteles refractarios a lo largo de los más de 500 kilómetros que separan a las ciudades de Santiago y Concepción. Hay docenas de desvíos para salvar las partes de pavimento que se derrumbaron, se hundieron, se doblaron, se levantaron 30 centímetros.

Todos los puentes quedaron descalzados, se corrieron hacia los costados o se aplastaron o se elevaron.

El gobierno chileno tiene una disputa encarnizada con la oposición para fijar el costo total de la reconstrucción. Piñera dijo 30 mil millones de dólares. Estudios privados responden que menos de la tercera parte de esa cifra. El terremoto, hasta ayer, arrojaba la cifra de 452 muertos confirmados, un centenar de desaparecidos y 200 mil viviendas que deberán ser construidas de nuevo.

El presidente anunció desde Concepción créditos para cada propietario, y para quienes –como los pescadores de Caleta Tumbes– han perdido sus fuentes de ingreso. Todos saben que el trabajo recién empieza. Que aunque el suelo deje de temblar, igual el país estará moviéndose con ritmo extra durante cada año de su futuro cercano.