De qué hablamos cuando hablamos de ajuste
Los graves problemas en Europa (plasmados en el tembladeral de los mercados financieros) generaron por estos lados un fuerte ánimo de dar consejos. Paula Martínez.
Los graves problemas en Europa (plasmados en el tembladeral de los mercados financieros) generaron por estos lados un fuerte ánimo de dar consejos. Disimulando cierta satisfacción por los males ajenos, desde diversos estamentos locales se critica, incluso en tribunas internacionales, que a Grecia y a los otros europeos se les recete una política de ajuste para salir de la crisis. Se pone como ejemplo a la Argentina, con el argumento de que "no hizo caso a las políticas del Fondo Monetario" y salió adelante. Lo que se olvidan de mencionar es que Argentina comenzó este proceso de crecimiento a tasas chinas luego de aplicar lo que no se quiere para las naciones europeas: un formidable ajuste.¿Qué otra cosa fue, si no, la devaluación de enero de 2002? La salida de la convertibilidad generó una caída del 40 por ciento en el salario real, la licuación de los ahorros (contrapartida de la pesificación y licuación de las deudas) y el derrumbe de la actividad económica. En contrapartida, el sector público pudo arrancar en 2003 con un gasto licuado y, los privados, crecer con salarios bajos y competitivos.Sólo sobre este escenario, el país logró (con otras medidas como el default de 2001 y la reestructuración de deuda de 2005) aprovechar el período de precios altos de "commodities" y comenzar a crecer. Grecia hoy está incluso peor que la de Argentina en 2001. Su deuda equivale al 166 por ciento de su Producto Interno Bruto (aquí era de 150 por ciento) y el Fondo Monetario (FMI) prevé que llegará a 189 por ciento en 2012. Algo tiene que hacer; el endeudamiento es impagable y el escenario se agrava. Cuando la situación es insostenible, es necesario algún tipo de ajuste, pero ¿de qué tipo?Un escenario de devaluación implicaría salir del euro y es algo que, políticamente, los países miembros quieren evitar a toda costa. La otra salida, menos dolorosa para Grecia, es el default o, en términos más elegantes, una reestructuración ordenada (como la de Argentina en 2005). Esta opción probable no implica que no haya un costo: el Banco Central Europeo deberá asistir a los bancos alemanes y franceses (grandes tenedores de deuda griega) y para Grecia tampoco será gratis. Sus socios de la Eurozona le obligarán a colaborar para pagar los "platos rotos". De alguna forma u otra, su economía ajustará. El tema es cómo hacerlo con el menor costo posible.

