Latinoamérica: caminos diferentes, ¿mismos escenarios?
Marina Dal Poggetto.
Por distintos caminos, las economías de América latina llegaron al mismo lugar. Una situación cercana al pleno empleo –aun cuando esto diste mucho de haber resuelto los problemas sociales que aquejan a una proporción todavía alta de la población– junto con la pérdida del superávit de cuenta corriente (la diferencia entre lo que exportan e importan de bienes y servicios más las rentas netas de intereses y utilidades). En promedio, el desempleo bajó de 11 por ciento a principios de la década pasada al siete por ciento actual. En tanto, el superávit de cuenta corriente pasó de un máximo de 1,5 por ciento del producto interno bruto (PIB) en 2007 a un déficit de 1,9 por ciento proyectado para 2012 (el mayor nivel desde 2001). A esta situación llegaron tanto las economías que optaron por el canal del crédito y estabilizaron la demanda de dinero vía tasa de interés altas en pos de mantener acotada la inflación (esto es, que sus habitantes quieran ahorrar en su propia moneda), como las que maximizaron el crecimiento de corto plazo a partir tasas de interés reales negativas e inflación alta y que ahora –una vez que se acabó el exceso de dólares– enfrentan un proceso de dolarización que intenta ser suturado vía controles. En el primer caso, el atraso cambiario se dio vía abaratamiento del dólar, en el segundo, vía inflación. Brasil, Chile, Uruguay, Perú, México y Colombia están en el primer grupo. Argentina y Venezuela, en el segundo. Sin embargo, a diferencia de las décadas anteriores (cuando la escasez de divisas para financiar el aumento de las importaciones interrumpía el ritmo de crecimiento), ahora los bajos niveles de endeudamiento público y privado de la región –con una deuda pública externa en 15 por ciento frente al 85 de 1990– a partir de economías que lograron financiarse a tasa fija en moneda local, minimiza los riesgos de descalce de monedas y de vulnerabilidad externa. Y en este mundo, los países del primer grupo –que administraron prudencialmente la abundancia y resignaron puntos de crecimiento en un mundo de tasa cero y dólar débil– pueden utilizar en forma expansiva las herramientas monetarias y cambiarias para compensar parte de la pérdida de competitividad que resulta de este esquema. Esto no es así en el segundo grupo de países en el cual los márgenes de maniobra de la política cambiaria y monetaria local están restringidos por la oferta de dólares de la economía.Pensando en una tendencia de largo plazo, cuando la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) empiece a retirar los estímulos monetarios, y el mundo de tasa cero y dólar débil llegue a su fin (algo que recién tendría lugar a partir de mediados de 2015), ¿podrán las economías que fueron por crédito seguir de largo frente al aumento en las tasas de interés locales? ¿Se habrán graduado realmente? Paradójicamente, las economías que se aislaron del crédito tampoco quedarán exentas si la suba de la tasa de interés de la FED se filtra a los precios de las materias primas.

