Ya pasaron 400 "padres del dolor" en busca de justicia
Luchan para que se investiguen las muertes de sus hijos, víctimas de la violencia urbana. Recorren Tribunales y ayudan a quienes les toca vivir situaciones similares.
Era una mañana calurosa de abril de 2007, cuando ellos decidieron que era hora de cantar su bronca. Se pararon sobre calle Caseros, frente al edificio de Tribunales I, en el Centro de la Ciudad de Córdoba, y comenzaron a cuestionar. En total, eran alrededor de 70 personas, todas con remeras blancas y rostros jóvenes en el pecho. En aquella oportunidad, en la crónica de La Voz del Interior se leía que interrumpiendo el tránsito, este grupo de hombres y mujeres impotentes habían apuntado contra jueces, fiscales y policías. Todos pedías que alguien resolviera, investigara, sobre las muertes de sus hijos, chicos y adolescentes muertos en los últimos años en la ciudad de Córdoba, víctimas de la cada vez más creciente violencia urbana. Tras el ruido inicial, fueron perdiendo protagonismo mediático, pero nunca dejaron de trabajar. Recorren todas las semanas los pasillos y despachos de Tribunales II –donde están la mayoría de las causas penales que los tocan de cerca–, se reúnen con fiscales y acompañan a las familias que deben afrontar algún juicio.Hace 10 días, en Casa de Gobierno inauguraron la flamante personería jurídica, que le da identidad formal a la Asociación Los Padres del Dolor. En esa misma casona de calle Chacabuco funciona una oficina propia, donde todos los lunes a las 17 reciben a quienes necesiten algún acompañamiento.Juan Basualdo, el padre de Enzo, el chico de 16 años que el 13 de enero de 2007 fue asesinado en Villa El Libertador, es uno de los referentes de la organización. "Ya hemos tenido 400 casos en toda la provincia; nosotros nos involucramos en la investigación, recorremos Tribunales, exigimos que aceleren las causas, hacemos un trabajo de hormiga", resumió.De todos estos padres, algunos continuaron yendo a las reuniones de los lunes. Otros, superado el juicio, prefirieron apartarse, al igual que aquellos que perdieron las esperanzas de encontrar justicia.Cuando llegan a la asociación, casi todos tienen mucho en común. Están desorientados, no saben cómo pedir que alguien investigue, que los asesore. Además, cargan con estigmas, como provenir de barrios humildes donde los episodios de inseguridad para la Policía pasan a llamarse, de manera peyorativa, "ajustes de cuentas". Se trata de aquellas investigaciones en las que los prejuicios suelen incidir para que primero se investigue a la víctima. De todas maneras, Basualdo se mostró satisfecho con el apoyo que la asociación recibió del Gobierno.

