Una forma de conocerlos mejor
En todos los casos, las estadísticas muestran que la brecha entre provincias ricas y pobres sigue siendo muy marcada.
Una radiografía actualizada, y con algunos datos inéditos, sobre las condiciones sociales y materiales de vida de niños y adolescentes permite no sólo actualizar información vital para diseñar políticas públicas, sino también acceder a explicaciones más objetivas sobre el desarrollo infantil, su comportamiento y sus pautas culturales. Las cifras de la encuesta nacional difundidas recientemente, disponibles en la página de Unicef, sirven para desmitificar ciertos conceptos respecto de la situación de este conglomerado de la población y para entender ciertas conductas a partir del conocimiento de los modos de crianza.Como se sabe, manejar datos ciertos y reales es el primer paso para focalizar esfuerzos. Veamos qué muestra la encuesta nacional sobre formas de vida y de cuidado de los chicos argentinos. Lugar de residencia. Una cuarta parte de los hogares con niños y adolescentes del país reside en zonas con condiciones sociales desfavorables. Es decir que viven en áreas con terrenos o calles inundables, con basurales permanentes, cerca de fábricas contaminantes o de plantas de energía o en zonas de derrumbes. Vivienda. En todas las regiones del país, al menos 9 de cada 10 hogares con niños habitan en viviendas tipo casa o departamento. El resto reside en viviendas deficitarias: ranchos, casillas, piezas de inquilinato, pensión u hoteles, locales y viviendas móviles. En la Región Centro, el 6,8 por ciento de los chicos vive en una villa de emergencia o asentamiento (más que el promedio nacional de 5,2 por ciento); el 25,5 por ciento, en viviendas sociales o monoblocks, y el resto (67,2 por ciento), en barrios residenciales o céntricos. Crianza. Tres de cada 10 padres o madres de niños o adolescentes consideran que no deben ser castigados de ningún modo; el 65,4 por ciento cree que sí hay que hacerlo, aunque no físicamente, y el 3,7 por ciento acuerda con el castigo físico. La aceptación de los golpes disminuye a medida que aumenta la cantidad de años de escolarización de los progenitores. En todos los casos, la brecha entre provincias ricas y pobres sigue siendo muy marcada.

