Un rostro verdadero para un soldado imaginario
El San Martín que está naciendo con rasgos de cemento en un mural en la plaza de Saldán es un elogio al guerrero.
Aquel que arrasó las tropas de poderoso imperio español. Así lo concibió “Charly, el escultor y muralista.
Pero el general en el mural no batalla solo. Los soldados que lo acompañan no tienen rostros de identidad imaginaria: uno de ellos lleva la cara de Miguel Rodríguez, que dejó de vivir hace pocas semanas. “Lo vi tres veces, pero alcanzó para fecundar una amistad y para que me contagiara de su pasión por hacer este mural y por Saldán. La última vez que hablé por teléfono con él le dije que no íbamos a poder hacerlo porque se habían caído algunos apoyos nacionales. Pero cuando supimos de su muerte, resolvimos que hacerlo era una causa. Tuvimos entonces el respaldo de la Municipalidad de Saldán y aquí estamos. Es también un homenaje para él que, desde el mural, mira el busto de San Martín que donara su abuela en 1950 y a la casa que fue de su familia”.
Rossana Baldassi, la compañera de Miguel, ceba otro mate y lleva sus ojos hacia el impreciso paisaje de los sueños compartidos, y aún vivos.

