Un relato de todos los días
Se trata de una muestra más de todo un deterioro urbano y social que parece empecinado en continuar profundizándose.
Lo que ocurre en Guiñazú es sólo una parte de un contexto mucho más amplio. Las peleas entre barras, los robos a cualquier hora, los destrozos sin sentido son una realidad cotidiana en muchos barrios de la ciudad de Córdoba, cuyos vecinos, a la fuerza, deben convivir con esta clase de episodios. Siguiendo el razonamiento del sociólogo Javier Auyero, se trata de una muestra más de todo un deterioro urbano y social que parece empecinado en continuar profundizándose. Ya los residentes de muchos sectores de la ciudad no se quejan de las aguas servidas, de las luminarias que no alumbran, de los baches, de los servicios que nunca llegaron, de las calles convertidas en lodazales intransitables cada vez que llueve.Todo esto aparece como naturalizado, en el sentido de que ha sido asumido como algo imposible de rever, por lo que ya no es necesario marcarlo como una falencia. Así, este cúmulo de carencias no aparece en los discursos corrientes, aunque en realidad es fácil identificar cuáles son sus causas y los porqués de las ineficiencias para remediarlas.Al mismo tiempo, en el discurso diario de estos habitantes de la ciudad, que cada vez son más, sí aparece otra afección cotidiana, lo que significa que, por fortuna, aún no está naturalizada. Aunque sí "normalizada", porque ya existe todo un conjunto de códigos y palabras para nombrar estas situaciones de manera común.Por la frecuencia con que aparecen los tiros, las peleas, los robos, los destrozos, vecinos de todas las edades pueden relatar sin conmoverse cómo se suceden unas a otras cada una de las etapas de la violencia urbana. Incluso, chicos de corta edad hablan con nombres específicos de diferentes tipos de drogas y de cómo se proveen de armas los más grandes de sus zonas.A diferencia de las carencias estructurales antes enumeradas, la violencia aún llama la atención y es materia de conversación, lo que significa que todavía los vecinos no se resignan a pensar que están solos en medio de la jungla.

