Un premio que refuerza la inflexibilidad
El Ejecutivo no puede traer inspectores de otras áreas para controlar la vía pública ni atrasarles el horario de ingreso. ¿La solución? Pagarles horas extras. Laura González.
De los 10.101 empleados (más los monotributistas) que tiene la Municipalidad de Córdoba, unos 2.000 son inspectores que se desempeñan en diversas áreas. En la vía pública hay destinados unos 90. "Unos", porque es posible que el 40 por ciento esté con carpeta médica. Los funcionarios dicen que 90 son pocos. No sería tolerable repetir eso en público, cuando la planta total del municipio es de 10.101 agentes.Pero hay otro problema: el Ejecutivo, en su facultad de empleador, no puede reubicar inspectores; es decir, pasarlos de otras áreas para reforzar el control de lo que pasa en las calles, que va más allá de los vendedores ambulantes que despliegan sus lonas en la vereda. Primero porque, según el subsecretario de Gobierno, Javier Pueyrredón, nadie quiere ese destino. Segundo, porque cambiarlos de área implica modificarles las condiciones de trabajo y eso está prohibido por convenio.Todos los municipales trabajan de 7 a 14. Tienen que marcar tarjeta dentro de su repartición. Se toman los tiempos propios que demanda el desayuno, hasta que el vehículo los lleva hacia la peatonal, a eso de las 8.30. El pago de adicionales a la Policía incluye la tarea entre las 9 y las 13. El fin de la jornada de los inspectores municipales sería a las 14, "pero a las 13 tenemos que levantar el servicio porque ya no hay más policías". Textual, la cita es de Víctor Romero, delegado del Suoem en el área. O sea, de siete horas, netas se trabajan cuatro. Lo lógico sería que los inspectores inicien su trabajo a las 9. La tecnología les debería permitir "fichar" in situ, sin tener que ir a la oficina, perder dos horas de tiempo y gastar en transporte y criollos. Pero el municipio no los puede redistribuir entre áreas ni les puede modificar el horario de trabajo. Tampoco puede tomar monotributistas, porque no tendrían poder de policía, ni contratar personal con otro horario (artículo 08), porque Daniel Giacomino se lo autoprohibió. La solución que presentó el Ejecutivo es pagarles horas extras, con la intención de que entren antes los de la tarde, se queden los de la mañana y se sumen los del fin de semana. Genial idea: cinco horas diarias como máximo a quien, a duras penas, de siete cumple cuatro.

