Un espacio terapéutico
Hoy, por la casa, pasan entre 15 y 20 familias. Por lo general, utilizan el lugar entre uno y dos años hasta que el caso concluye. "Acompañamos un proceso que se tiene que resolver y trabajamos para eso", cuenta Alderete.El terapeuta que acompaña cada régimen tiene la obligación de hacer un informe de cada visita y entregarlo al tribunal."Hacemos un informe objetivo, no interpretativo, de lo que observamos, de lo que ocurre en las visitas, y así el juez puede tomar la decisión de liberar un régimen. No funcionamos como parte. A veces sugerimos que el papá, la mamá o el niño tengan un espacio de terapia", remarca.Por la casa también pasan familias que no están judicializadas, pero que necesitan de este espacio para revincularse. En una ocasión, la Fundación recibió el pedido de una mamá que quería que su hijo viera a su papá, adicto al consumo de sustancias. La mujer tenía miedo de que su hijo se quedara a solas con él, pero no quería prohibirle el contacto. Buscaba un espacio donde tanto el padre como el hijo estuvieran cuidados.Las visitas suelen durar dos horas, una vez a la semana, con un costo que ronda los 400 pesos. "Hay un papá que viene dos veces a la semana, y una vez, los abuelos del niño. Cuando hay denuncias, no sólo los papás no lo pueden ver sino toda la familia de origen", cuenta Silvia.La fundación está en tratativas con las obras sociales para que cubran el servicio como una terapia de revinculación familiar. "Nos encontramos con mucha resistencia", asegura Alderete.

