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Trabajar con un humilde genio del diseño gráfico

Si hay algo que siempre me sorprendía es cómo a un tema o a una noticia les podía dar ese valor agregado, un verdadero editorialista gráfico.

26 de junio de 2010 a las 12:01 a. m.
Juan Colombato
Trabajar con un humilde genio del diseño gráfico

Al poco tiempo de ingresar en La Voz del Interior, se me dio por averiguar qué era lo que había en esos armarios que Miguel De Lorenzi abría y cerraba celosamente. Mi expectativa era encontrarme con libros de diseño, como hay en cualquier departamento de Arte. Pero, contrariamente, me encontré con los más variados cachivaches.

Había que verlo garabatear en cualquier papelito, del que sacudía, de vez en cuando, las cenizas que formaba su cigarrillo prendido, por no pitar durante largos minutos -seguramente por la distracción que le provocaba la gran cantidad de ideas que se metían por su pelada-. Pero su verdadera preocupación era dónde encontrar ese objeto que le iba a servir para su diseño: en una ferretería, una juguetería o en un puesto ambulante de esos que venden los chanchitos de jardín. Esas eran las reliquias que guardaba en los armarios, algunas encontradas en los lugares más recónditos, gracias a su dedicada investigación acerca de la procedencia de tan raros objetos.

Chirimbolos y Mac. Ese dato fue para mí la razón por la que me alejé, en un primer momento, de la computadora "dictadora". Lo que pasa es que él ya había empezado a trabajar en diseño cuando era dibujante publicitario (nombre que se les daba a los diseñadores gráficos allá por la década de 1960), cuando todo se hacía con cierta impronta, la que él todavía conservaba, aun utilizando la Mac o la PC.

Ser multifacético es algo que él también sabía ser. No sólo porque era pintor, dibujante, diseñador, tipógrafo y periodista, sino porque en cada trabajo era un poco más. Si hay algo que siempre me sorprendía es cómo a un tema o a una noticia les podía dar ese valor agregado, un verdadero editorialista gráfico. "El diseño tiene que comunicar emoción…", es lo que decía. Es así, sus diseños provocan tristezas o alegrías, pero además tienen el plus de la poesía. Sus relatos gráficos contienen esas metáforas que tan difícil es lograr; no sólo por su concepción, sino también por el acertado lenguaje. "El Cacho", "Cachoíto" o "Cachito" Miguel De Lorenzi, sinónimo de diseño en Córdoba, se nos fue, y para muchos, demasiado pronto...