Todavía se busca a 232 niños en el país
Eso es lo que mantiene ocupados a los miembros de Missing Children.
Todos los domingos el padre los llevaba al cementerio. Acongojados, los pequeños contemplaban el pedazo de mármol, recordando a su madre. Hasta que un día se enteraron de que la mamá, viva, los estaba buscando desde hacía mucho tiempo.
Ésta es una de las tantas historias -algunas de final feliz y otras aún sin final- que recuerda Lidia Grichener, la presidente de Missing Children (Chicos Perdidos) en Argentina, la organización que desde hace 10 años busca a los niños que no volvieron a sus hogares. Desde su creación, ya encontraron a 5.200 chicos perdidos, aunque todavía se buscan otros 232 niños.
Ayer, antes de participar en una jornada de reflexión y análisis -organizada por el defensor del Pueblo de la Provincia de Córdoba, la Fiscalía General de la Provincia y la Fundación Graduados de la UNC-, Grichener dialogó con este diario.
Al comenzar la charla, aclaró que no son sólo 232 los chicos perdidos en el país ("no utilizamos \'desaparecidos\' porque remite a otro momento terrible", explicó). "Debe haber un montón de familias más que no han denunciado estos casos", agregó. "En Bahía Blanca antes de instalarnos, nos preguntaban para qué íbamos, si allá no había chicos perdidos. Ya tenemos 100 denuncias allí. Lo que falta son lugares para denunciar".
En ese sentido, criticó aquel axioma de la Policía que, ante el reporte de algún extravío propone realizar la denuncia recién luego de 24 ó 48 horas. "Las primeras horas son importantísimas. Es mejor que lo encuentren rápido y digan que se trató de un error a que dejen pasar ese tiempo", argumentó.
"Salvo excepciones, hay falencias en las investigaciones, que, por lo general, se retrasan bastante", añadió. "Sería bueno tener una estadística que permitiera detectar zonas de riesgo. Pero falta mucho. Por ejemplo, documentar a todos los chicos del país. Si no sabemos cuántos hay, ¿cómo vamos a saber cuántos se perdieron?".
¿Quiénes se pierden? En su mayoría mujeres, niñas y adolescentes, sin distinción de clase social. Algunos, desde pequeños, rasguñaban alguna moneda cirujeando o pidiendo limosna hasta que un día decidieron no regresar a casa para no compartir lo poco que obtenían.
Otros chicos se fueron de sus casas asustados por una mala nota en el colegio o para escapar de maltratos familiares, muchas veces convencidos por alguien que en realidad tenía otros fines. La mayoría termina deambulando por la calle, a merced de todo tipo de riesgos.
En los últimos años aumentaron los casos de niños utilizados como "rehenes" en disputas de pareja en las que el padre o la madre deciden llevárselos, sin el consentimiento del otro.
Cuidado con la Web. Internet es otro riesgo. "Es una herramienta maravillosa si se la usa con responsabilidad", aclaró Grichener. Hace poco, Missing Children buscó durante cuatro días a una chica que había ido a una escuela de Capital Federal, pero nunca llegó al aula. Cuando apareció, no sabía precisar dónde había estado, ya que durante ese tiempo la mantuvieron drogada. Había quedado en conocer en persona a alguien que la contactó por chat .
"Los padres deben controlar con quién se comunica su hijo en el chat o las redes sociales; no conviene que las computadoras estén en la pieza del chico, si no en un lugar público de la casa", aconsejó.
¿Qué falla? Mucho. El año pasado, el país se conmovió ante el caso de un padre que se había fugado con su niño a Perú, mientras la madre lo buscaba con desesperación. ¿Cómo ese padre, con una criatura, evadió todos los controles migratorios y se fue del país?
Las instituciones tienen falencias de sentido común. Grichener remarcó que no se cotejan los chicos que se encuentran con los que figuran en el padrón de perdidos. Tampoco se carga en forma eficiente el registro de menores. Recordó el caso de una pareja que por un año estuvo buscando a su hija perdida. La hallaron sepultada en un cementerio como N.N. Había sido atropellada el mismo día que los padres notaron su ausencia.

