Testimonio de la degradación
El cura Mariano Oberlín se convirtió en el Cordobés del año. Un espaldarazo a su compromiso para visibilizar a los transparentes.
El cura Mariano Oberlín se terminó por convertir en este 2016 en una de las voces más potentes en nombre de los desplazados. Párroco de barrio Müller, en el lejano este de la ciudad de Córdoba, logró trascender el púlpito para que su discurso se multiplicara a través de distintos canales.No se trató del primero que alertaba sobre el avance del narcotráfico en ese sector de la capital cordobesa. En esa zona, como en los otros tres puntos cardinales de la ciudad, la dinámica socioeconómica estructurada alrededor del microtráfico de drogas hace bastante que se ha ido solidificando.Pero Oberlín logró lo que hasta ahora parecía lejano: con su insistencia para visibilizar a los que parecían transparentes, en su discurso cargado de compromiso social, obligó a que las instituciones oficiales "bajaran" a ese sector.Para ello, fue clave que instalara la problemática de la venta y del consumo de paco, el residuo de las cocinas de cocaína, como un eje más que preocupante y que muchos se empeñaron en negar durante años.Mujeres angustiadas por la proliferación de este veneno, jóvenes encerrados en su consumo y un Estado que parecía ausente, todo en un contexto de una profunda degradación social, terminaron por ser el conducto para poder amplificar una señal de alarma mucho más profunda.En este 2016, Müller, Maldonado, Campo de la Ribera, Bajada San José y Villa Inés, un conglomerado de sobrevivientes surcados por múltiples violencias, pasaron a ser casi un objetivo obligado para los funcionarios públicos. Promesas que aún aguardan concreciones. Pero que tienen por detrás la tenacidad de un cura que logró llenar de contenido las palabras que muchas veces llegan vacías. El voto unánime de los jurados consagró a Oberlín como el Cordobés del Año. Su compromiso, lucha y vocación acaba de recibir un nuevo espaldarazo.

