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"Tejiendo aprendí a tener paciencia, conmigo y el otro"

María Castro colabora en el espacio de costura y tejido que funciona en la Biblioteca Popular Bella Vista. Sueña con tener su propio taller.

22 de abril de 2013 a las 12:01 a. m.
Rosana Guerra (Especial)
"Tejiendo aprendí a tener paciencia, conmigo y el otro"
Tejedoras. María admite que a veces es difícil reconocer el error y destejer lo hecho (José Gabriel Hernández/La Voz).

María Castro (59) es, desde hace tres años, voluntaria del taller de costura y tejido de la Biblioteca Popular de Bella Vista. Todas las semanas, de lunes a jueves, cruza la ciudad en ómnibus y entre las 14 y las 17 dedica su tiempo a ayudar a su profesora de costura y tejido. Enseña lo que ella aprendió a quienes asisten a los talleres que se dictan en este espacio comunitario.

Todo comenzó con ese impulso que nos lleva a aprender cosas nuevas en medio de la adversidad. Su espíritu inquieto y la necesidad de aprender un oficio la llevaron a acercarse hace 10 años a la galería Muñoz, donde Beatriz Romero, su profesora, daba clases de costura. “Agarré coraje y empecé a aprender este hermoso oficio de coser y tejer al crochet”, cuenta.

María trabajó durante 41 años como empleada doméstica, pero este año se quedó sin trabajo. “Pero no me quedo quieta. Conseguí un par de horas en una casa y también cocino para afuera los fines de semana”, dice.

Es del tipo de personas que no se deprime fácilmente y a todo le busca una solución. Vende bijouterie, medias y pañuelos en la puerta de su casa. “Saco una mesita y vendo de todo. Como tengo frutales, también vendo pomelos, higos, mandarinas y saco para los cospeles”, agrega.

En el taller de costura las alumnas aprenden a hacer pantalones, chalecos, polleras, ropa de bebé, pantuflas, bolsas para el pan y la basura, individuales y repasadores. También tiñen tejidos de hilos y telas de algodón. A fin de año hacen la muestra anual para vender sus creaciones.

Cuando pasea por el centro de la ciudad, si ve en una vidriera algo que le gusta, saca rápido lápiz y papel para hacer el croquis del modelo. “Paso por los shoppings, me quedo mirando un rato largo la ropa, en los tejidos cuento las baretas y después hago mis dibujitos”, relata.

La actividad de coser y tejer le atemperó un poco su carácter. “Una de las cosas que aprendí en el taller es a tener más paciencia, por mi forma de ser soy ansiosa, quiero hacer todo rápido, pero acá hay que ejercitar la paciencia con una misma y con las demás”, reconoce.

Si tiene que desandar lo hecho, no lo duda. “Si hay que destejer una camperita, lo hago y vuelvo a tejerla. Esta es la forma de aprender. Yo antes siempre me comía la sisa y aunque a uno no le guste mucho, hay que destejer y volverla a hacer”, explica.

Mientras teje un chalequito para su nieta, Loana, comparte un anhelo que tiene desde hace varios años. “El día que se jubile me gustaría mucho tener un taller en mi casa. “Solo necesito una máquina de coser para arrancar con mi sueño”, confiesa.

María es vecina de barrio Cerrito y vive con su esposo Oscar –que es tapicero y trabaja en changas– y con su hijo Sebastián. Cuando su marido la ve salir, le pregunta: “¿A dónde vas ahora, mujer?”. “Y sí… siempre ando en la calle, me cuesta mucho estar quieta”, finaliza.

Entre ovillos y retazos

Talleres de costura, tejido y tejido a máquina. Brinda capacitación en forma gratuita a 65 mujeres de barrios Pueyrredón, Cabildo, Villa Libertador, Colinas de Vélez Sársfield, Suárez, Marcos Juárez y Jesús María. Funciona de lunes a jueves de 1400 a 1700, dos veces a la semana. "El objetivo es que este taller sea un espacio de encuentro humano de las mujeres para que aprendan un oficio que les sirva como salida laboral y también que funcione como un lugar para poder compartir necesidades y vivencias", explica la profesora Beatriz Romero. Las alumnas confeccionan botas, alfombras, pantuflas, carteras, bolsos, chalinas, conjuntos de bebés, tejidos al crochet, y con tres agujas. Aprenden a diseñar, cortar, confeccionar y terminar prendas. Lo que necesitan: máquinas de coser, lana fina y gruesa, retazos de telas e hilos. Y en la biblioteca requieren pinturas látex, sintéticos, témperas; instrumentos musicales, guitarras, teclados; artículos de cocina, ollas, fuentes, asaderas, moldes, cuchillos, cocinas y envases herméticos plásticos. Más información al teléfono (0351) 4690447. E mail: [email protected] / [email protected]