Despedida. Quién fue Taty Almeida, la Madre de Plaza de Mayo que transformó el dolor en lucha
Su vida fue un testimonio de cómo el amor de una madre puede desafiar al terrorismo de Estado y construir un legado inquebrantable de memoria, verdad y justicia.
Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, conocida como Taty Almeida, falleció este domingo a los 95 años en el Hospital Italiano de Buenos Aires.
Presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, su vida fue un testimonio de cómo el amor de una madre puede desafiar al terrorismo de Estado y construir un legado inquebrantable de memoria, verdad y justicia.
De una familia militar a la Plaza de Mayo
Nacida el 28 de junio de 1930 en el barrio de Belgrano, Taty creció en un entorno profundamente vinculado a las fuerzas de seguridad: su padre era oficial de Caballería, su hermano coronel y sus hermanas estaban casadas con oficiales de Aeronáutica.

Se formó como docente, profesión que ejerció durante algunos años tras casarse con Jorge Almeida en 1953, con quien tuvo tres hijos.
Su vida cambió para siempre el 17 de junio de 1975, cuando su hijo Alejandro Martín Almeida, estudiante de Medicina y empleado de la agencia Télam, fue secuestrado a los 20 años por la organización paramilitar Triple A.
En aquel entonces, Taty desconocía la militancia política de su hijo en el ERP-22 de Agosto. Fue tras su desaparición que, revisando sus papeles, descubrió una agenda que no sólo revelaba su compromiso político, sino también veinticuatro poemas que ella publicaría décadas después, en 2008, bajo el título "Alejandro, por siempre amor".
Un pilar de los derechos humanos
En 1979, Taty se sumó a las Madres de Plaza de Mayo y, tras la división de la organización en 1986, pasó a formar parte de la Línea Fundadora.
Desde allí, se convirtió en una de las voces más lúcidas y queridas del movimiento, destacando siempre que el horror del terrorismo de Estado comenzó incluso antes del golpe de 1976, durante un gobierno constitucional.

A lo largo de los años, su labor trascendió la búsqueda individual de su hijo para convertirse en una causa colectiva. Fue reconocida por su generosidad con las nuevas generaciones, construyendo puentes y enseñando que "la lucha también puede abrazarse con alegría". En 2015, su retrato fue incluido en la exposición permanente del Museo de la Casa Rosada como homenaje a su trayectoria.
El adiós a una referente
La noticia de su fallecimiento fue confirmada por su familia y por la organización de las Madres, quienes la despidieron destacando su capacidad de hacer más livianos los momentos difíciles sin perder la profundidad de sus convicciones.

"Gracias por enseñarnos que amar es resistir, que la única lucha que se pierde es la que se abandona y que no existe fuerza más grande que la del amor", expresaron en un comunicado oficial. Su ejemplo perdurará en cada pañuelo blanco y en el grito de "Presente" que acompaña la lucha por los 30.000 detenidos-desaparecidos.

