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Su pregunta... !sí molesta!

Habría que reflexionar qué fue primero: la pregunta desatinada o el fastidio por una respuesta obvia. Juan Carlos Carranza.

16 de agosto de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Su pregunta... !sí molesta!

Habría que reflexionar qué fue primero: la pregunta desatinada o el fastidio por una respuesta obvia. El caso es que o la vida está llena de preguntas desafortunadas, o existe un montón de tipos con poca paciencia.

Depende del contexto, pero hay preguntas que siempre serán molestas, incluso en aquellos comercios que explícitamente colocan carteles que indican lo contrario. "!Huy! Disculpáme, ¿te desperté?", dice la voz del otro lado del teléfono al escuchar la nuestra, cascada, gangosa, que hace más que evidente que estábamos dormidos. "!Huy! ¿Te estabas bañando?", nos preguntan cuando abrimos la puerta con la toalla en la cintura y chorreando por todos lados (puerta que debimos abrir porque nuestro visitante se quedó impiadosamente pegado al timbre).

"No vendo cospeles", es el recurso extremo utilizado por el quiosquero cansado de responder siempre lo mismo.

"¿Cómo andás?". La típica pregunta de un encuentro rápido y casual que merecería una respuesta amplia, aunque por la brevedad del diálogo no vamos a poder dar. Entonces, en general, la respuesta es: "Bien, ¿y vos? ¿Bien?". En realidad, la respuesta debería ser: "Te digo bien porque no tengo tiempo de contarte la verdad, salvo que me des un par de horas".

"¿Andás bien?", es una pregunta con respuesta inducida, de alguien que, por lo general, no está interesado en saber cómo estamos realmente.

"¿Te pasa algo?", una clásica pregunta de la esposa frente a un largo silencio del marido, al que, en general, no le pasa nada, salvo que no tiene ganas de hablar.

"¿Quién habla?" Otro capítulo de preguntas sin lógica es cuando llaman a un teléfono fijo o celular y preguntan: "¿Quién habla?".

Cuando se pierde algo, siempre aparece la pregunta: "¿Dónde perdiste las llaves?". Si esa persona lo supiera, no las estaría buscando.

Muchas veces pueden ser actos reflejos, pero igual causan malestar. Por ejemplo: cuando alguien entra mojado a una casa, suele llegar la pregunta: "¿Está lloviendo afuera?". Primera cuestión: es casi seguro que esté lloviendo; segunda cuestión: es un hecho que si está lloviendo, es fuera de la casa.

Mucha gente se enoja cuando le preguntan la hora y se señalan la muñeca. "!Claro, el reloj siempre va en la muñeca! !Qué gesto harían si preguntasen donde hay un baño!", protesta Cacho Yerom, el consultor permanente de esta columna, muy predispuesto al enojo.

También resulta nimia la introducción: "¿Te puedo preguntar algo?". La idea es ir al grano y no hacernos perder tiempo.

"¿Te molesta si fumo dentro del auto?", pregunta que suelen hacer taxistas u ocasionales copilotos. Y, sí, molesta que fumen en un espacio tan cerrado. Finalmente, la pregunta que no querríamos oír nunca. Un sábado a la noche disponemos nuestro mejor ánimo y pilchas para la conquista femenina y llegamos hasta el boliche donde ingresan las más bellas mujeres de la comarca, y el patovica de la entrada nos dice, con una mueca de rechazo: "¿Tenés invitación?".