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Son los últimos vendedores de ilusiones del Centro cordobés

Los vendedores ambulantes de lotería mantienen viva la pasión de ofrecer diariamente la posibilidad de ganarse “la grande”. Video.

06 de octubre de 2013 a las 04:31 p. m.
Juan Carlos Toledo (Especial)
Son los últimos vendedores de ilusiones del Centro cordobés
Tres mosqueteros. Oscar Alejandro Olmedo, Ramón Castro y Pedro “el Nene” Tejeda. Pese al cambio en las costumbres, siguen ofreciendo el número “salvador” (Ramiro Pereyra/La Voz).

Sus voces ya no sobresalen entre la multitud que transita a diario por el Centro de Córdoba. Ya no son tantos lo que vocean su canto de esperanza ofreciendo el número que “hoy los hará millonarios”.

Lejos quedó también el grito tradicional de Pedro en las galerías del microcentro, cuando expresaba a viva voz: “¡Qué bonito número... el que me lo compró se paró...!”, provocando más de una sonrisa entre los transeúntes, que si no eran de Córdoba se sorprendían con su picaresca manera de ofrecer el billete salvador de la lotería.

Hasta que la quiniela, el Quini Seis, el Loto y otros juegos, se adueñaron de los apostadores, la ciudad tenía en el Centro numerosas casas de venta de las loterías nacional y provinciales, que se jugaban casi todos los días de la semana: los lunes, la de Tucumán; el miércoles, la de Córdoba; el jueves, la de Salta; los viernes, la de Santiago del Estero; y los sábados, la Nacional, la de Santa Fe y, durante un tiempo, la de Tucumán. Después, hasta que dejó de venderse, esta sorteó los días lunes.

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Muchos compradores

Los sobrevivientes de esta época recuerdan que había un mercado importante para los sorteos habituales, que estallaba con la llegada del fin de año y los tradicionales sorteos de los gordos de Navidad, Año Nuevo y Reyes. Entonces, “éramos un montón y estábamos distribuidos por todas las calles céntricas”, recuerdan con nostalgia.

Las décadas del 50 al 70, del siglo 20, fueron quizás las de los años de oro para los loteros de Córdoba.

Las grandes casas de entonces tenían en las distintas emisoras radiales a su locutor preferido que, en medio de una tanda publicitaria, incitaba a comprar el billete que “lo hará millonario” o que repartía “una lluvia de premios”.

Tiempos en que no se consideraba que “el juego era perjudicial para la salud”, cuando la promoción estaba generalizada y no la monopolizaba, como ahora, la Lotería de Córdoba

Quiniela mata galán

Toda una época que quedó atrás, superada, primero, por el auge de la quiniela oficial, aquella de las engorrosas tarjetas perforadas y del único sorteo nocturno.

Después, con la aparición de juegos populares y económicos, como el Quini Seis, el Loto, el Brinco y un sinnúmero de sorteos instantáneos, que por pocos pesos alientan la esperanza de transformar la vida de un iluso.

El auge de las agencias de quiniela y la decadencia de las loterías llevaron a la desaparición masiva de los vendedores ambulantes. Hoy, son cuatro los que, adecuándose a los nuevos tiempos, se mantienen firmes en sus puestos.

Tres de ellos llevan más de 50 años de actividad, y el restante, 30 años, después de dejar de pertenecer al Correo Central.

Todos siguen desarrollando su actividad con el mismo entusiasmo con que la iniciaron cuando llegaron casi de pantalones cortos para ayudar a los vendedores establecidos y transformarse después en vendedores responsables ante las distintas sedes de las Loterías provinciales en Córdoba.

Los une la pasión por lo que hacen, pero también sus deseos irrefrenables de venir todos los días al Centro.

Frente a la más famosa agencia de Córdoba, ubicada en Deán Funes y San Martín, se encuentran diariamente Ramón Castro (63) y Pedro Roberto Tejeda (64), más conocido como “el Nene”.

El decano

Oscar Alejandro Olmedo (69) es el decano de los loteros ambulantes y tiene su parada frente al famoso bar ubicado en San Jerónimo y Buenos Aires. Vendedor tres jueves seguidos de la grande de Salta, llegó a ser noticia en Sábados circulares , de Pipo Mancera. Por último, en San Jerónimo e Ituzaingó, José Luis Gutiérrez (69) vende lotería desde hace 30 años, después de pasar su juventud como empleado del Correo.

Los cuatro cuentan sus historias a La Voz del Interior . Aún impactados por el ataque guerrillero (en 1975) contra la Jefatura de Policía, entonces en el Cabildo, dan testimonio de otros acontecimientos políticos y gremiales que transformaron Córdoba y que los tuvieron como involuntarios testigos.

Los sueños de “pegar ‘la grande’” siguen presentes en las viejas generaciones.