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"Si nos abrazáramos más, otra sería la historia"

David Ruda, uno de los empresarios más exitosos del país, destaca el trabajo en grupo y solidario como un elemento clave. Una escuela de Villa El Libertador lo marcó.

03 de julio de 2012 a las 12:01 a. m.
"Si nos abrazáramos más, otra sería la historia"
David Ruda. De profesor de Educación Física a empresario exitoso (Raimundo Viñuelas/LaVoz).

Una turba de chicos carasucia lo recibió en su primer día de clases en la Escuela Municipal Patricias Mendocinas, de Villa El Libertador. Desmontó de la Puma y no alcanzó a dar tres pasos cuando unos mocosos se le treparon al cuello y le babearon las mejillas a besos. La pulcritud de su buzo deportivo y las zapatillas contrastaba con los guardapolvos percudidos y los pies cubiertos con jirones de tela y goma de los alumnos. Por un segundo, pensó cómo organizar el trabajo en ese alboroto para aprovechar la hora semanal de gimnasia que le habían asignado. A la vez, acusó la sensación de que el pecho se le hinchaba con aire de alegría. Casi siempre le hizo caso a las corazonadas y, siguiendo aquel barrunto juvenil, conoció la plenitud. "La época en la que trabajé como profesor de Educación Física en esa escuela ha sido la mejor de mi vida", asegura David Ruda (75)."Aquellos chicos me hicieron ver las diferencias entre las clases sociales y me enseñaron a trabajar en equipo. También, que nadie es imprescindible y que cuando un líder desaparece siempre hay otros preparados para sucederlo", comenta el titular de Tarjeta Naranja. –¿Qué conserva de aquel docente? –Creo que todo. Tarjeta Naranja es una verdadera escuela de capacitación que tiene claro el objetivo y donde todos trabajamos en equipo para lograrlo.En su oficina de Sucre 145, tiene una estera cubierta de fotos. Cada una es un mojón en el territorio de sus afectos. Una instantánea en blanco y negro sobresale del resto."Este que está acá –señala– es don (Manuel) Oliva (entonces director General de Escuelas Municipales), esta es Luisa Esperanza; esta, Susana Coll, y el de atrás soy yo", comenta. Las niñas integraban el equipo de gimnasia artística de la Escuela Patricias Mendocinas, con el que ganó cinco veces el campeonato nacional. "Soy un tipo con mucha suerte", se define.David Ruda nació el 22 de diciembre de 1936 en Nueva Córdoba, "cuando Ambrosio Olmos era de tierra", precisa. Uno de los entretenimientos predilectos, entonces, era arrojarse en bicicleta por la bajada que recuerda al ex gobernador de Córdoba. Y los días de lluvia, armar barquitos de papel y echarlos a navegar por el torrente barroso. Es el menor de los cinco hijos que tuvieron Mauricio Ruda (un inmigrante judío polaco) y doña Lola. Su papá administró Casa Ruda durante 50 años. El negocio de electricidad funcionó en Olmos 39.Cuenta, con humor, que aprendió a nadar en un canal de riego y en el Instituto del Profesorado de Educación Física jamás pudo perfeccionar el estilo. "Teníamos una casa de vacaciones en Argüello, donde pasábamos todo el verano" relata."Cuando mi papá regresaba al atardecer, nos llevaba a bañar al Canal Maestro. ¡Qué tiempo fantástico!", añora.A los 33 años, con su amigo de la infancia y también profesor de Educación Física, Gerardo Asrín, creó Salto 96. En 1985, los socios lanzaron la tarjeta de crédito que identificaba a las cuentas corrientes del legendario negocio de deportes y que los clientes bautizaron con el color que la caracteriza desde el nacimiento: Naranja. "Arrancamos dos y hoy somos 4.200 colaboradores en las 196 sucursales en el país", apunta.La empresa, reconocida por Great Place to Work como el mejor lugar para trabajar en Argentina, apadrina 148 escuelas públicas, entre ellas, a la Patricias Mendocinas. "Lo que logramos es producto del trabajo de todo el grupo que comparte la misma filosofía, simple, y que se basa en la solidaridad", dice."Hemos salido a la calle a dar abrazos aunque pareciera una locura, convencidos de que todo el mundo necesita abrazos. Si nos abrazáramos más y nos miráramos a los ojos, otra sería la historia", concluye.

No para de jugar

Como Jean Chateau, David Ruda considera que el juego representa un aspecto esencial en el desarrollo del niño porque a él están ligados el conocimiento, la afectividad, la motricidad y la socialización. También cree que jugar es vital a cualquier edad. Dedica las tardes del jueves

a jugar con sus nietos (tiene 10) y un par de veces por semana practica vóley con amigos.