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“Selfies”, espejos de la vida y la muerte

El fenómeno se profundiza y entra en una etapa donde la morbosidad no encuentra límites.

16 de agosto de 2015 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
“Selfies”, espejos de la vida y la muerte
TIEMPOS MODERNOS. (Ilustración de Gustavo Dagnino).

En su origen, inofensivas, aunque con la necesidad de reconocimiento del otro como trasfondo. Luego, observadas como peligrosas: no faltaban los locos que ponían en riesgo su vida para mostrar su osadía. Y ahora, muchos recuerdos de la muerte.

Las selfies , como imágenes de uno mismo, van atravesando estadios como un fenómeno que no deja afuera edades, profesiones ni situación social.

Con todo, son los jóvenes nacidos a partir de 1980, a los que se considera “nativos digitales”, quienes más afectos son a esta moda.

Para ellos, en general el concepto de amistad tiene fuerte preeminencia en las redes sociales, donde entablan vínculos que no requieren contacto físico y que, en cambio, demandan que su autoestima se valide a cada momento en el mundo virtual.

Pero también los padres de esa generación se prendieron. Así, aparecieron las imágenes de presidentes (recordar la de Barack Obama durante el funeral de Nelson Mandela), famosos en los Oscar, el papa Francisco que posa con los pibes.

Instagram abrió las puertas a las belfies : celebridades que se autofotografían la cola, imitadas por gente de toda ralea. De hecho, el término surge de selfie y bum (nalgas, en inglés). Lo hicieron Miley Cyrus, Kim Kardashian, Rihanna, Beyoncé, y sigue la lista.

También las camelfies , fotos con camellos, nacidas a partir de la idea de un director creativo de El Cairo, Mahmoud Salem, quien se sacó una con un animal de ese tipo, que se hizo viral con mucha rapidez.

Las razones, en general, tienen que ver con la diversión, mostrar los logros, mandar un mensaje o, más sencillamente, dejar plasmado un grato recuerdo.

Pero, en el medio del furor, aparecieron otras que causan escozor: selfies con muertos.

Se recuerda que era una moda casi victoriana y, de hecho, hay álbumes en Internet que muestran que, antes del entierro, al muerto se lo retrataba cual vivo con su familia.

Claro que, a falta de una era global y tecnologizada, apenas eran recuerdos que se preservaban dentro de un ámbito social reservado.

Pero ahora ya no quedan para el álbum, sino que salen a la Red y se extienden como manchas de aceite.

Quizá el caso más notorio es el de una enfermera italiana, Daniela Poggiali, acusada de drogar y matar a sus pacientes para luego hacerse selfies con los cuerpos. Pero no fue la única. Hay, por desgracia, muestras de sobra.

Tres claves

¿Cómo es posible que alguien lo haga? El psiquiatra Osvaldo Rubiolo ofrece al menos tres pistas para interpretarlo:

“Podemos tomarlo como hecho de esta posmodernidad, donde se destacan con énfasis lo horrendo, lo feo, la muerte. Pero también el pedido de los jóvenes ante su angustia, sus temores y sus fantasmas”.

“Además, como cada vez más faltan las figuras, en especial la del padre que guía, que encauza, los jóvenes exteriorizan de manera despiadada su malestar”.

“Y también muestran uno de los temores fundamentales del ser humano: la muerte; pero como es tan angustiante imaginarse la muerte de uno mismo, ubican allí al otro”.

Si las selfies son un espejo, pues debería recordarse a Jean Cocteau: "Los espejos deberían pensárselo dos veces antes de devolver una imagen".

*En Twitter puede participar con el hashtag #TiemposModernos