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Se puede comprar menos y, aun así, tener mejor calidad de vida

Hay movimientos sociales, espirituales y ambientales que advierten de que el ritmo de consumo no es sostenible. Ejemplos de algunos que cuestionan el modelo de acumulación y de comprar porque sí, sin evaluar si realmente hace falta.

04 de diciembre de 2016 a las 12:41 a. m.
Se puede comprar menos y, aun así, tener mejor calidad de vida
Sociedad de consumo. Mucho de lo que se compra es para reemplazar algo que todavía puede ser usado, que va a la basura o al placar, donde cada vez hay más objetos desechados. (AP)

Cuando Elena consiguió, después de dos años de vivir en la casa nueva, que el carpintero le hiciera el placar de la habitación de sus hijas, logró acomodar todo en un solo lugar. Cuando lo hizo, de una sola vez, se dio cuenta con certeza de que tenían demasiado. Había remeras, vestidos y hasta piyamas nuevos que nunca habían utilizado; ropa que les había quedado chica con apenas un uso, y zapatos que ni se acordaba que tenían. Lo peor es que, hasta ese acomodo, Elena pensaba que las nenas tenían poca ropa y planificaba aprovechar las ofertas de fin de año para agregarles algunas prendas nuevas.Se decidió por el no: no compraría nada en la ola de descuentos de estas Fiestas, aunque sabe que será un ejercicio difícil porque le encanta comprar.La experiencia de Elena, con sus matices, bien podría replicarse en la mayoría de los hogares argentinos. Compramos nuevo lo que ya tenemos y necesitaríamos varias vidas para gastar o usar a fondo las cosas que ya compramos.Ese comprar porque sí tiene sus efectos: primero, en las finanzas de la familia, que queda entrampada en cuotas eternas y en la mecánica de creer que aprovechando el descuento hace negocio. Hay también una mirada de sustentabilidad. Mucho de lo que compramos viene a reemplazar algo que todavía puede ser usado, que va a la basura o al fondo del placar, donde cada vez hay más objetos desechados. Y también hay otro eje posible, no siempre asumido por las familias, que apunta a lo inequitativo que es el acceso a los bienes y servicios: mientras muchos tienen demasiado, hay otros que tienen poco de todo.¿Es posible decir basta? O mejor dicho, ¿se puede comprar de modo más racional, reponiendo aquello que efectivamente no va más?"Hoy el modelo de negocio está planteado en el volumen, y eso se refleja en cómo consumimos: compramos volumen, mucho de todo. No hay gestión de qué comprar; consumimos de más ropa, de más comida, de más de todo sin preguntarnos si lo vamos a utilizar o no", apunta Elga Velásquez, de Green Drinks Córdoba, un movimiento global que trabaja por un consumo más sustentable. Rescata que recién ahora hay consumidores que se empiezan a preguntar sobre el origen de lo que compran, qué mano de obra intervino, con qué materiales, y hasta interpelan al fabricante sobre el origen de los materiales. "El consumismo desenfrenado es algo que el ciudadano está empezando a preguntarse. Se cuestiona cuál es el estilo de vida que queremos llevar; otras generaciones no se preguntaban eso", dice con optimismo.Para Patricia Sosa, directora de la consultora especialista en consumo CCR, eso es todavía un fenómeno muy embrionario. "Eso es algo muy aislado; en general, la sustentabilidad y la ecología son un discurso que se dice, pero está en lo retórico, porque la realidad es que cuando el consumidor tiene que elegir productos de consumo masivo, lo hace por precio, no mira si es sustentable o si es ecológico", asegura. Proyectos No obstante, hay algunos fenómenos que –replicados en las redes sociales– empiezan a interpelar nuestros hábitos de consumo, desde la consigna del minimalismo o de la simple reducción del consumo como rebelión a tanta moda y producción publicitaria. Por ejemplo, el proyecto 333 (proyecto333.org), que consiste en dejar en el placar sólo 33 prendas para usar los tres meses de temporada, con la consigna "retos de vivir con menos". "Yo lo estoy haciendo desde hace varios meses y me siento más liviana, tengo lugar en el placar, lavo y vuelvo a usar, es una liberación realmente profunda", dice Mariana Corvalán, una fisioterapeuta que ya lleva tres temporadas sumada al proyecto.También hay otras iniciativas, que nacen al amparo de algún compromiso espiritual, como por ejemplo el Movimiento de la Palabra de Dios, que una vez al año invita a los 220 miembros de las 12 comunidades que hay en Córdoba a un ejercicio de concientización."Invitamos a revisar todo lo que tenemos en casa y que no utilizamos, porque tenemos un montón, somos acumuladores, ricos por descuido", describe Marcelo Diz, uno de los coordinadores de la jornada en la que se ponen a la venta múltiples y diversos objetos, a precio bajo y de acuerdo con las posibilidades de los interesados, y se exponen en el colegio San José, de Córdoba.

Reflexiones tras medio año de no comprar

Más tiempo. Enriquecimos nuestro patrimonio. En lugar de comprar cosas, sacamos en total 1.200 objetos de nuestras casas y ahora no nos lleva más que unos segundos encontrar, por ejemplo, el destapador, abrir un vino e invertir ese tiempo en una charla.

Más espacio. Nos mudamos a casas más amplias. Jamás hicimos las valijas ni nos fuimos del barrio. Simplemente, al dejar de acumular y de comprar todo lo que podíamos pagar, nuestras casas se volvieron lugares más espaciosos.