Una mano amiga que brinda consuelo
Una capacidad especial para contener a los que sufren y para aprender con ellos.
Quienes acompañan a las personas en los últimos momentos de su vida muestran una capacidad especial para contener a los que sufren y para aprender con ellos.
Las personas que acompañan a otras en la etapa final de la vida deben tener una pasta especial.
Todos los consultados para este artículo -ya sean voluntarios, o profesionales que cobran por su trabajo- muestran alegría, les aflora por los poros, les brillan los ojos y ponen en palabras cuestiones de una profundidad vital, que sólo parecen posibles cuando el dar permite enriquecerse humanamente.
Para Roxana Amuchástegui, vicedirectora y voluntaria de la Casa de la Bondad, "el hecho de hacer un poquitito de bien, aportar un granito de arena para tanto dolor, es algo que no tiene precio y permite ver todo lo bueno que uno tiene".
Desde la perspectiva de una paciente, una mujer le preguntó a la enfermera: "¿Va a ser muy largo esto? ¿Va a ser doloroso?".
Le hicieron el tratamiento para estabilizar su estado físico, la contuvieron y mejoró lentamente. "Este proceso le permitió reconciliarse con sus hijos, sus amigas y pudo hacer lo que hacía normalmente afuera; en la casa estuvo alegre, animó al resto y llegó entera al final", cuenta Amuchástegui.

