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Bipolaridad: la vida entre la euforia y la depresión

El diagnóstico es complicado y determina la calidad de vida que tendrán los pacientes. La adicción a las drogas suma recaídas.

18 de mayo de 2011 a las 12:01 a. m.
Josefina Edelstein (Especial)
Bipolaridad: la vida entre la euforia y la depresión

Empleado con liviandad, el término bipolar se ha tergiversado en los últimos años al cargarlo con connotaciones negativas y hasta irónicas para calificar a personas que no disimulan ciertos altibajos anímicos pero que, al fin y al cabo, desarrollan su vida con normalidad y no padecen una alteración psiquiátrica. En cambio, el trastorno bipolar complica efectivamente la existencia de quienes lo sufren. En estas personas, las fluctuaciones entre depresión y manía son episodios anímicos disruptivos que interfieren en la cotidianeidad familiar, social, académica y laboral. En otras palabras, son oscilaciones patológicas del estado de ánimo, que nada tienen que ver con la variación del humor que tiene cualquier persona.En el trastorno bipolar, el ánimo fluctúa entre un polo marcado por la excitación que, según el nivel de gravedad, se denomina hipomanía, manía o euforia; y su contracara, el polo depresivo, se caracteriza por la tristeza, desmotivación, la pérdida de energía y el no sentir placer por la vida."Ante un episodio depresivo, se presentan dificultades para pensar y concentrarse, la motricidad se hace más lenta y disminuye el humor", explica el psiquiatra Gerardo García Bonetto, presidente de las IV Jornadas Iberoamericanas en Trastornos Bipolares que se desarrollaron a principios de mes en Córdoba.En el otro polo, los episodios de manía aceleran el estado de ánimo, los movimientos y el pensamiento, y cuando son exacerbados, se tornan críticos y peligrosos, porque las personas suelen perder la noción de los límites y pueden llegar a poner en riesgo su vida.El especialista precisa que "los cuadros de manía son más graves de los que parecen; las personas tienen el estado de ánimo desbordado y, en general, requieren internación porque no pueden parar de moverse ni de hablar, e incluso no duermen". El diagnóstico no es fácil. Mauricio Tohen, presidente de la Sociedad Internacional de Trastornos Bipolares, advierte que "es un problema llegar a un buen diagnóstico porque la psiquiatría no está muy avanzada y muchas veces la practicamos como hace 100 años". A diferencia de otras patologías, señala, para el trastorno bipolar no existe diagnóstico por imágenes ni análisis de sangre que permitan saber qué pasa en el cerebro de las personas. "Entonces –apunta– si no tenemos el diagnóstico preciso, es difícil indicar el tratamiento más adecuado".Al diagnóstico se llega a través de un análisis de la historia del paciente; se tienen en cuenta las entrevistas, lo que se observa clínicamente y lo que dice la familia."Los pacientes pasan alrededor de 10 años con síntomas, consultan en promedio a 4,4 psiquiatras y reciben alrededor de tres diagnósticos diferentes hasta que llegan al correcto", afirma García Bonetto, integrante del Hospital Neuropsiquiátrico Provincial.Muchas veces se confunde con la depresión unipolar, porque durante el episodio depresivo las manifestaciones son bastante parecidas: tristeza, falta de interés, trastornos del sueño y del apetito. "La única forma de hacer el diagnóstico diferencial –precisa Tohen– es la historia de manía. Es decir, para el paciente que haya tenido un episodio de manía y tiene una depresión, entonces es bipolar y el tratamiento es diferente".Los antidepresivos comunes y corrientes funcionan bien en depresión unipolar, pero para la bipolar hay otros fármacos como los antipsicóticos atípicos, estabilizadores del ánimo y anticonvulsivantes. Tratamiento de por vida. El trastorno bipolar en general, se manifiesta entre los 18 y 20 años, pero a veces también se inicia durante la infancia o en la tercera edad. Se desconoce su causa, aunque el 50 por ciento de los pacientes tiene antecedentes de familiares con alteraciones del estado del ánimo. No obstante, se sabe que el trastorno bipolar se dispara cuando se conjuga la predisposición para la patología con situaciones que impactan en la vida de una persona."Una vez que la enfermedad se instaló –precisa García Bonetto– 'se automatiza' por una particular sensibilización del sistema nervioso central, de manera que los episodios se suceden aun en ausencia de acontecimientos desencadenantes". Por ello, es fundamental que las personas con trastorno bipolar asuman que deben seguir un tratamiento de por vida con fármacos, psicoterapia y psicoeducación –en general en grupos de autoayuda– lo que les permitirá estabilizar el ánimo y llevar una buena vida.

Atención a las señales

Depresión. Más de una semana con funcionamiento disminuido, sin moverse demasiado, decaimiento total, sin energía.

Insomnio, querer dormir y no poder.

Aceleramiento. La persona pasa de dormir siete horas a dos horas diarias y dice que no está cansada. Habla sin parar y desea hacer infinitas cosas en pocas horas. Tiene comportamientos desmedidos como regalar y comprar de más, o de pronto hace cosas que normalmente no realizaría, como inversiones sin sentido. También puede que conduzca sin cuidado o tenga excesos sexuales.

1,5% podría padecerlo

Se considera que entre el 1,5 y el 5 por ciento de la población estará afectada en algún momento de la vida por trastorno bipolar. La prevalencia de los cuadros más graves que requieren hospitalización es del uno al dos por ciento de los afectados.