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Rony Vargas presentó una historia de su vida y su radio

Con el Teatro Real lleno y transmisión en directo por Cadena 3, el locutor lanzó su autobiografía "Soy Rony Vargas", junto a amigos e invitados especiales.

12 de mayo de 2011 a las 12:01 a. m.
Rony Vargas presentó una historia de su vida y su radio

A sala llena, de pie, ovacionado como un ídolo, con una hora de presentaciones que lo celebraron con ternura, Rony Vargas presentó anoche Soy Rony Vargas, la autobiografía , en el Teatro Real, y el acontecimiento fue un espectáculo intenso. Poco después de las 20, con un audiovisual con fragmentos de algunas de sus entrevistas más queridas, a Lalo Schifrin, a Geraldine Chaplin, con su rostro de fondo y su público de frente, el homenaje empezaba a rodar en la noche de miércoles. Su amigo, su compañero y socio en Cadena 3, –que transmitió en vivo y en directo el evento para todo el país– Mario Pereyra, abrió la arena con emoción. "Estoy recontra nervioso, tengo las manos heladas", dijo, para ubicar a todos en el clima íntimo imprescindible. Mario, 50 años después de cruzar caminos con Rony, no evita el sentimiento, y llora de emoción para contar algo de la vida juntos. "Estoy convencido de que yo sin él no hubiera sido igual", resume, y poco después comparte la charla en la que Rony le confesó su amor, la única vez en que lo vio llorar, "porque con esa pinta, el cabezón asusta", dice y declara, "aunque no estemos siempre cerca, yo siempre voy a estar a tu lado".Poco antes de las 21, con fina estampa como fondo musical, Rony abrazaba a su amigo y tomaba la posta del escenario. "En qué me metí", se preguntaba, como si no supiera. Detrás del micrófono, sentado a la mesa como si todos los días hablara ante un teatro repleto, Rony empezó a disfrutarlo. Lee un fragmento del libro dedicado a San Juan, cuenta lo intentado. "Este libro es la esencia misma de un hombre que sueña", dice, y que todo es posible soñando. En el aire. "¡Viva la radio, viva la vida!", cuenta Jairo en la solapa del libro, sobre la vez en que Rony transmitió por radio su salto en paracaídas. Esa entrega se encargaron anoche sus invitados de relatar con anécdotas. Primero Pereyra, después Miguel Clariá, al que Rony presentó como un "caballero de ley" y que más tarde Doña Jovita reconocería como la causa de sus amores tardíos. José Luis Serrano, infaltable, llevó a escena a su personaje subido en un móvil eléctrico, "el burro inalámbrico", definió la viejita, antes de sentarse a contar historias de los viajes compartidos. Presentes también estuvieron, cartas mediante, Julio Iglesias, que eligió saludarlo con la imagen del hombre que en su vida cuenta la historia de la radio como si fueran la misma cosa; Reyna Carranza, su compañera de escritura, socia literaria en la elaboración del libro, y Mabel Pagano. Los Patricios, el trío sanjuanino de folklore cuyano, dedicó al homenajeado una versión de Cumpleaños cuyano y Vallecito , en memoria del enólogo Molina. Más tarde llegaría Valeria Lynch para cerrar el show y regalarle un set de sus grandes éxitos: La extraña dama , Señor amante , Como una loba , Me das cada día más . Humilde y agradecida, con los mejores augurios y entregada al público que comparte con su amigo, además de colega en la conducción del Festival de Peñas de Villa María.Un rato antes Clariá coincidía en intenciones, admiración declarada mediante, aseguró que el libro presentado "se parece extraordinariamente a Rony Vargas", porque "todo suena positivo y cuesta encontrar algo que no vaya para arriba, para adelante". "En el ADN de Rony está la radio. Saca mundos de la nada y su vida, su sueño es la radio", seguía, convencido de que todo lo que podría decirse de su colega podía resumirse en el placer de escucharlo hablar.La vida soñada, contada como si recién se despertara, y como si sus mejores amigos hubieran soñado con él. Rony Vargas escribió una versión de todas las posibles sobre su propia vida, que cuando él mismo la cuenta también podría ser la de la radio. Quizá por eso decidió empezar su historia con el momento en que eligió seguirla. A los ocho años le pedía a su abuela que lo dejara en la Radio Colón de San Juan mientras ella se iba a hacer las compras. Escuchándolo contarlo, parecería que nunca más nadie, desde entonces, pudo sacarlo de ahí.