Un impacto que excede lo religioso
Podría decirse que aquel cura de burros montar, a 100 años de su fallecimiento, le sigue haciendo al pueblo que lleva su nombre tantos o más favores que los muchos hechos en vida.
El 14 de septiembre próximo, el valle de Traslasierra recibirá tantos visitantes como los que puede alojar toda la provincia de Córdoba en el mejor día de su temporada de verano. Basta ese dato para vislumbrar el desafío que para los organizadores implica este evento ligado a la cultura religiosa y popular.
El dilema es que esa convocatoria durará apenas uno o dos días, por lo que no se justifica crear una infraestructura para algo que, quizá, no se repita jamás en esa región, en esta dimensión. Sin embargo, y a la vez, Traslasierra debe prepararse y rendir el examen.
Meses atrás se especuló con que, por estos dilemas, el acto de beatificación del cura más famoso que haya dado Córdoba se podría haber mudado a la capital provincial. Acertado fue sostener que el homenaje se sostuviera en la misma tierra donde aquel sacerdote hizo historia. No hay Brochero sin Traslasierra. Y sonaría a un despojo, injustificado, que este reconocimiento tuviera otro escenario.
Para Villa Cura Brochero y región, el desafío se extiende más allá de estos días de visitas aluvionales. Está claro que la beatificación hará aún más popular a este personaje histórico y que ese hecho, si se capitaliza con inteligencia y sin abusos ni estridencias, redundará en un cambio del perfil turístico del pueblo y en mayor poder de convocatoria. Eso, en épocas en que el turismo impacta en la vida económica, social y laboral de los pueblos, no es cosa menor.
Podría decirse que aquel cura de burros montar, a 100 años de su fallecimiento, le seguirá haciendo al pueblo que lleva su nombre tantos o más favores que en vida.
En ese marco, la revolución brocheriana que vive Traslasierra por estos días excede lo religioso.
Pero si de religión se trata, en tiempos en que parece retornar el saludable debate sobre el rol de la Iglesia Católica en su relación con la sociedad, quizá la imagen de José Gabriel Brochero aporte para mostrar, más allá de procesos tan formales como antiguos de canonización y constatación de milagros, el valor vigente del compromiso social, real, cotidiano, cercano, de aquel cura sencillo que hizo historia “del otro lado” de las Sierras.

