Historias y profesiones. Los Dichiara: una familia dentro de un estudio de abogados en Río Tercero

El padre cursó la carrera "de grande". Comparte el estudio jurídico con dos hijos. Suman 30 años en la actividad. Dos de ellos fueron presidentes del Colegio de Abogados regional. Una historia entre familia y profesión.

09 de julio de 2026 a las 12:51 p. m.
Los Dichiara: una familia dentro de un estudio de abogados en Río Tercero
Oscar Dichiara y sus dos hijos, en el estudio jurídico que todos comparten en Río Tercero.

Como si se tratara de una vocación que desafió al tiempo, el estudio de abogados Dichiara, en Río Tercero, celebra 30 años de funcionamiento. El dato más saliente es que integrado por un padre y dos hijos.

La historia del estudio no es convencional.

Su fundador, Oscar Dichiara, no inició su camino en las leyes al terminar el secundario “por razones económicas”, sintiendo durante años una suerte de "frustración cultural", según él describe. No fue sino hasta los 36 años que decidió emprender la carrera de Abogacía, viajando semanalmente a la UNC de Córdoba mientras mantenía sus responsabilidades laborales y familiares.

Oscar, apodado "el Gato" por sus conocidos, se describe como un alumno constante que aprovechaba cada minuto en el aula, consciente del “esfuerzo físico y económico” que representaba su formación.

Su experiencia previa como socio gerente en una empresa de seguros en Río Tercero, no solo le brindó el sustento, sino que se convirtió en la piedra angular de la especialización del estudio: la accidentología vial y el Derecho de seguros, además de otras especialidades.

El relevo generacional

El estudio ha logrado lo que pocos: una transición generacional exitosa basada en “el afecto y el respeto profesional”. Mauro Dichiara fue el primero en incorporarse tras recibirse, seguido tiempo después por su hermano Darío, quien se sumó al equipo tras una etapa de aprendizaje en el Poder Judicial.

La dinámica entre padre e hijos combina la intuición y experiencia del veterano, con la innovación tecnológica y técnica de los más jóvenes. "Se nota la diferencia generacional... desde la tecnología hasta la forma de estudiar un caso", explicó Oscar, reconociendo que sus hijos han sabido adaptar la "marca" de responsabilidad y honestidad que él sembró, a los nuevos tiempos.

Oscar Dichiara y sus dos hijos, en el estudio jurídico que todos comparten en Río Tercero.
Oscar Dichiara y sus dos hijos, en el estudio jurídico que todos comparten en Río Tercero. (La Voz)

Por su parte, Mauro y Darío destacaron “el orgullo” de llevar un apellido asociado al respeto. "Es un ejemplo de que, haciendo las cosas bien y con honestidad, te puede ir bien en la vida", reflexionó Darío.

Mauro, a su turno, añadió que la vara dejada por su padre “es alta”, reflejada en clientes e incluso contrapartes que vuelven al estudio -acotó- buscando esa impronta de seriedad.

Compromiso con las instituciones

El legado de los Dichiara trasciende las paredes de su oficina. Tanto Oscar como Mauro han tenido una participación activa en el Colegio de Abogados de Río Tercero, ocupando ambos la presidencia en distintos períodos.

Oscar recordó las campañas intensas de hace 25 años, mientras que Mauro enfrentó el desafío de liderar la institución durante la pandemia.

Desde el estudio, hacen un llamado a los colegas jóvenes a “involucrarse más” en la vida institucional, “para combatir el individualismo actual y fortalecer la profesión”.

La familia

A pesar de compartir la pasión por el Derecho, los Dichiara mantienen una regla clara: el estudio “se queda en el estudio”. En las reuniones familiares, prefieren hablar de otros temas, manteniendo un estricto secreto profesional, que Oscar ha cultivado como un valor innegociable.

Oscar Dichiara y sus dos hijos, en el estudio jurídico que todos comparten en Río Tercero.
Oscar Dichiara y sus dos hijos, en el estudio jurídico que todos comparten en Río Tercero. (La Voz)

Por su parte, Mauro confió que “suele haber miradas diferentes, con discusiones jurídicas, pero que al final llegaron a una misma conclusión”. A la vez, Darío, deslizó que “se puede hablar”.

Al cumplir 30 años, Oscar mira hacia atrás con una emoción contenida. Aunque se define como un hombre de pocas palabras, no oculta “el orgullo profundo" por el equipo formado.