Fraternidad Religiosa. Un Ramadán sin rabino

No se trata sólo de compartir la comida, siempre riquísima y más que abundante, sino de todo lo que rodea ese momento.

17 de marzo de 2026 a las 02:29 p. m.
Marcelo Polakoff*
Un Ramadán sin rabino
Ramadán.

No pude estar este lunes en el Centro Cívico del Bicentenario para el "Iftar" que organizó el Gobierno de la Provincia junto con la Sociedad Árabe Musulmana de Córdoba, pues me encontraba en Buenos Aires por cuestiones familiares.

Es la primera vez en años que me ausento de esta celebración especial que marca el inicio de cada anochecer durante el mes de Ramadán.

El llamado islámico a terminar el período diurno del ayuno es uno de los momentos sagrados que anualmente atesoro, así como la misa crismal de la tradición católica cada Jueves Santo.

Son oportunidades únicas que –gracias a la bendición del Comité Interreligioso por la Paz, el Comipaz– tengo la oportunidad de compartir con mis hermanos en la fe monoteísta.

Es sabido que la cultura árabe en general, y la tradición islámica en particular, se caracterizan por la hospitalidad. Ahora bien, acercarse a un "Iftar" es comprobar en carne y hueso cómo los miembros de la mezquita (donde suelen realizarse estas cenas) se desviven por atender a cada uno de sus invitados como si fuéramos reyes.

No se trata sólo de compartir la comida, siempre riquísima y más que abundante, sino de todo lo que rodea ese momento.

La espiritualidad del llamado a la oración, la ayuda económica que se distribuye entre los más necesitados y el sentarse en comunidad a transitar el principio de cada jornada (pues, al igual que en la tradición judía, comienzan al anochecer) son sólo algunos de los elementos que conforman esta preciosa experiencia.

¿Y por qué lo cuento yo, como rabino? Por un lado, porque si lo escribo, esta involuntaria ausencia me será menos dolorosa; pero fundamentalmente por entender qué fue lo que motivó al Creador para elegir a Abraham como el primer monoteísta y el precursor de la fe, tanto para judíos como para cristianos y musulmanes.

Abraham ("Ibrahim", en árabe) era el arquetipo de la hospitalidad, aquel que tenía su tienda abierta a los cuatro vientos para recibir con amabilidad y alegría a todo el que necesitara un poco de alimento, bebida, cobijo y compañía. Esa es la razón que –al menos desde la tradición judía– justifica el hecho de su elección por parte de Dios.

Hacer lugar para el otro: he ahí casi el único secreto. No hay mejor modelo para la convivencia.

¡Ramadan mubarak! ¡Bendecido mes de Ramadán!

*Rabino; integrante del Comité Interreligioso por la Paz (Comipaz)