Querido diario
Ahora, el diario “íntimo” de cada uno lo escribimos entre todos, y supuestos “amigos” o contactos participan de cada biografía, sin límites.
La brecha cada vez se nota más. Antes, a las quinceañeras nos regalaban el diario íntimo, con llave y todo, para que nadie se inmiscuyera en nuestros secretos. Ahora, con las redes sociales, se tiende a una exposición continua, a que cada instante de la vida se comparta, se muestre. Es como dejar la puerta y la ventana abiertas, sin prestar atención a quién puede entrar a mirar.
En la cultura del reality y la farándula, el fenómeno no parece tener marcha atrás; los chicos “necesitan” estar en las redes sociales para sentirse parte de la sociedad. Si no están, no existen... Y copian. Así como un conductor de televisión dice “Tengo el video prohibido de…”, los adolescentes hacen todo público; hasta amenazan con “escrachar” a profesoras y buscan sumar “me gusta”. Algo así le acaba de pasar a una docente de un colegio de Río Cuarto que olvidó por un momento su notebook en un aula y sufrió la difusión de fotos privadas.
Pero no sólo los chicos transmiten su vida en vivo. En general, existe una voluntad de exhibición y una consecuente mayor exposición física y emocional.
A los adultos nos cuesta imaginar cómo impactará en el futuro de los jóvenes y de las sociedades esta desaparición de la línea que supo dividir a lo público de lo privado.
Acaso el mostrarnos en todo momento nos iguale en nuestra condición de seres humanos, con aciertos y errores, y pueda enseñarnos a ser más tolerantes. Pero siempre que algo se naturaliza, uno se pierde de analizar las consecuencias. De tanto en tanto, se hacen ver con crudeza los riesgos del “total todos lo hacen”.
Con todo, Internet y las redes sociales no hacen otra cosa que potenciar los resultados de los descuidos, la falta de respeto y de valores. Ahora, el diario “íntimo” de cada uno lo escribimos entre todos, y supuestos “amigos” o contactos participan de cada biografía.

