“Qué lástima que se acaban”
Mariela Britos (63), ama de casa, jubilada, asegura que las vacaciones son fantásticas. El único problema es que se terminan.
Mariela Britos (63), ama de casa, jubilada, asegura que las vacaciones son fantásticas. El único problema es que se terminan. Con el regreso a casa, y entre otras cosas, se acaba el lujo de dormir un poco más, y de comer lo que haya y cuando sea. "Aún ahora, que estoy jubilada y puedo tomarme casi un mes en el campo o en la playa, me cuesta un triunfo armar las valijas y emprender el regreso. Creo que a las mujeres nos resulta más estresante, porque en general nos espera una doble reincorporación: al trabajo, y al hogar", dice Mariela. Y agrega: "Hoy la veo a mi hija padecer lo mismo que yo cuando sonaba el despertador. Hay que vestirse a las corridas, poner la casa en marcha y llegar a la oficina para encontrar el escritorio repleto de papeles atrasados". A esto hay que sumarle los quehaceres domésticos porque, plantea Britos, por más que se intente volver con la menor cantidad posible de ropa sucia, siempre se junta."No terminé de llegar y ya me tuve que poner a lavar y fregar, porque la casa estaba como si hubiera pasado un tornado", grafica. Detrás de la puerta había montones de boletas para pagar. Y en su ausencia se cortó la luz y se descongeló la heladera. "También hay que readaptarse a los ruidos y al calor. Tuve que hacerme un tiempo para ayudarla a mi hija con la compra de ropa y útiles escolares", dice Mariela, que tan pronto llegó a la ciudad empezó a sentir mareos y dolores de cabeza. "Y todavía falta un año para las próximas", se ríe.

