El precio injusto de la liberación femenina
Cuando uno apaga la tele y prende la vida, se encuentra con miles de mujeres que estudian o trabajan detrás de mostradores y escritorios. No suelen ser noticia, salvo que abusen de ellas o les peguen. Rosa Bertino.
Se terminaron las vacaciones. Todo ha vuelto a la normalidad: la casa, las compras y las conversaciones. “Por suerte mi nieto cumplió tres meses y pudo empezar la guardería”, ironizó la dueña de la rotisería. “¡Tres meses y ya va a una guardería!”, murmuró una abuela de más edad. “Mi hija es bioquímica y el lunes volvió al hospital. ¿En qué otro lado lo iba a dejar?”, se defendió la aludida. Luego contó que había pasado 25 años “detrás de un mostrador”, con tal de que sus hijas tuvieran una profesión. “Que no fueran como yo …”, masculló la esforzada mujer. Después alzó la voz, y la mirada, para decir que nunca había “descuidado” su casa. “Mi mamá me dio una mano bárbara, y así salieron las nenas, gracias a mi vieja, y a la Charo”.
La Charo resultó ser una “sirvientita” (qué término obsoleto, e injusto), traída del campo. La familia la había mandado gustosa a la ciudad, para que por lo menos tuviera casa, comida y alguna instrucción. Lo mejor fue saber que la bioquímica tiene más futuro que el Clínicas, y que la Charo terminó haciéndose de un compañero y de una casita propia.
Cadena generacional. ¿Quiénes son las heroínas de esta historia de tres generaciones? Todas, probablemente. Sin embargo, y casi instintivamente, nos inclinamos por aquella abuela y aquella "sirvienta". Y, con ellas, por todas las mujeres que supieron abrirle la puerta a sus congéneres. Era otra época. Se salía del hogar para estudiar o trabajar y, tratando de no descuidar lo anterior, revolear un poco la chancleta. Ya existía la carrera de modelo, pero exigía un sinfín de requisitos. Hoy uno prende la compu o la tele, y no ve más que "modelos". Además de anatomías y pieles perfectas, estas chicas tienen la obligación de ser o parecer hot con el que le planten al lado.
Anónimas, y verdaderas. Pero también es cierto que, cuando uno apaga la tele y prende la vida, se encuentra con miles de mujeres que estudian o trabajan detrás de mostradores y escritorios.
No suelen ser noticia, salvo que las abusen o les peguen. La publicidad sólo las toma de "modelo" para un yogurt que haga ir de cuerpo, o para una gaseosa light .
Ellas suelen tener una vida agitada, y la puerta de la heladera repleta de recordatorios de turnos, vacunas, Deliverys y cumpleaños. A casi todas ellas, paradójicamente, les haría falta una mujer en la casa. Es el gran vacío de la sociedad contemporánea, dicho por pediatras, sociólogos y docentes. El chico actual va a colegios de doble escolaridad. ¿Qué pasó con aquella abuela, y con aquella Charo?
La primera probablemente todavía trabaja, o está haciendo un curso de idiomas, o partió en algún crucero o de viaje con el Pami. La Charo dejó la secundaria, se puso panadería o peluquería, o trabaja en alguna. También puede estar empleada en una guardería.
A todas les cuesta conseguir personal doméstico para atender a sus niños, o a sus viejos. Por ahí sienten que el precio que han pagado por su liberación es alto e injusto. Tampoco saben muy bien de qué o a cambio de qué se liberaron. Pero no piensan volver atrás. Good giras.

