Por qué a nadie le importa si se muere el mp3
El efecto que produce leer en un titular que “el mp3 como tal ha dejado de existir” es justamente el buscado: que cientos de miles, tal vez millones, de melómanos evoquen mentalmente los gratos momentos pasados al calor de ese gran formato. No se le puede restar importancia al invento que logró comprimir el sonido ni a su reinado durante gran parte de los últimos 20 años.
Pero de ahí a suponer que es posible emitir un certificado de defunción en el que conste hora, fecha y año, hay un trecho que la frase sugiere recorrido, pero que no se ajusta a la realidad y, además de lo simbólico, no está exento de cierto interés. Veamos por qué.
Lo que anunciaron desde el Instituto Fraunhofer IIS, una de las instituciones dueñas del formato, es la finalización de todas las licencias relacionadas con el mp3. “Ya no interesa quiénes se beneficiaban del cobro de esas licencias, que ahora cambian su apuesta a formatos técnicamente superiores como el AAC”, señalan. El AAC, vale notarlo, también es propiedad del Fraunhofer IIS.
Para hacerlo más fácil: hasta ahora, si cualquier discográfica, artista o sello quería publicar y comercializar legalmente una obra en mp3, la compresión de esos archivos sonoros demandaba el pago de una licencia que los poseedores –el citado instituto y Technicolor– cobraban.
A partir de ahora (en rigor de verdad, a partir del 23 de abril último), el “formato oficial” de compresión pasa a ser el AAC, por lo que el mp3, más que muerto, queda liberado. A favor de la alta fidelidad, hay que reconocer que efectivamente la música comprimida a AAC suena mucho mejor que su equivalente en mp3.
Dicho esto, no hay nada –más allá de lo icónico– que justifique la aparición en las noticias de esto, que no es mucho más que un trámite administrativo. Porque los usuarios que tengan su colección de mp3 no perderán la posibilidad de escucharlos, ni necesitarán convertir su base de música a AAC, ni pasará nada que los afecte. La mejor comparación que se leyó por estos días es que este “anuncio” es el equivalente de cuando –hace un tiempo que parecen siglos– supimos que el DVD iba a llegar para reemplazar a los VHS.
Pero ni siquiera: entonces sabíamos que llegaría un momento en que deberíamos dejar de lado la videocasetera y comprar un reproductor de DVD. Ahora, lo que debemos hacer es... nada. Nada en absoluto.
A nadie le importa en qué formato está la música, y eso es así por otra razón fundamental. Desde la irrupción de YouTube y, más tarde, de Spotify, la forma de escuchar música no depende de si está en mp3 o en AAC, sino de la calidad del streaming . En una tendencia que sólo puede acelerarse, los usuarios dejaron de almacenar música para reproducirla donde sea que se encuentre el servidor que la contenga.
Por lo tanto, señores del Fraunhofer IIS, no sólo el mp3 no murió, sino que cada vez importa menos. Hoy sería noticia si nos avisan que Spotify deja de existir, algo que parece muy lejano.

