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Pedro y Sara, siete décadas de felicidad

Él fue boxeador y llegó a combatir con el mismísimo José “Mono” Gatica en el Luna Park. Ella fue maestra y profesora de Italiano. Se conocen desde que eran niños y aseguran que formaron una familia “hermosa”. Ayer celebraron 70 años de casados.

16 de diciembre de 2015 a las 12:01 a. m.
Pedro y Sara, siete décadas de felicidad
Felicidad plena. Las manos juntas, las sonrisas cómplices y un amor enorme que Pedro y Sara se tienen desde la infancia (Pedro Castillo/LaVoz)

"Llevamos 70 años de casados, más otros seis de novios, toda la vida juntos", reflexiona de arranque Sara Vargas, quien a sus 90 años celebró ayer con Pedro Gerie, de 95, siete décadas de feliz unión matrimonial. Como gran regalo de aniversario de boda, les acaba de llegar desde el Vaticano una bendición especial –en un pergamino– del mismísimo papa Francisco. Sara y Pedro viven en una casa de calle Montevideo al 300, cerca de la Cañada y del centro de la ciudad de Córdoba. Se conocen desde la infancia y, antes de ser novios, fueron amigos confidentes. "Hasta me contaba de las chicas que había conocido", dice Sara entre sonrisas.Ella es simpática, lúcida e inteligente, y perjura ha tenido una vida "muy feliz" junto a Pedro, con quien se casó en la iglesia del Sagrado Corazón de los Padres Capuchinos, el 15 de diciembre de 1945.Él no para de hablar de su época de boxeador y de su consagración como campeón cordobés, argentino y latinoamericano, allá por los años '40 del siglo pasado. Y recuerda que una vez tuvo enfrente, en el mítico Luna Park de Buenos Aires, al idolatrado José "Mono" Gatica. Guarda como tesoro una foto en blanco y negro de ese épico combate, que terminó perdiendo.El festejo por los 70 años del matrimonio fue el sábado en un restaurante del Cerro de las Rosas, un momento emocionante que Sara y Pedro compartieron con sus cuatro hijas, nietos, bisnietos y el resto de la familia.

El día de la boda. Inolvidable 15 de diciembre de 1945, cuando Sara y Pedro dieron el “sí”
El día de la boda. Inolvidable 15 de diciembre de 1945, cuando Sara y Pedro dieron el “sí”

Pedro nació el 20 de agosto de 1920 en barrio Güemes. Vivió junto a sus padres y nueve hermanos en Observatorio hasta que contrajo primeras nupcias con Sara. De joven trabajó en la panadería La Europea. Por eso cuando empezó a entrenarse como boxeador (a los 18 años) le decían “el Panaderito” Gerie.

Sara también es de Córdoba y abrió sus ojos a la vida el 17 de noviembre de 1925. Tuvo dos hermanos. Se recibió en el colegio Carbó y fue maestra de grado. Trabajó tres décadas en la Escuela Profesor José Toribio Hernández, de barrio Pueyrredón, y se jubiló como docente.

A los 45 años estudió para ser traductora y profesora de Italiano, título que obtuvo a los 50. Enseñó este idioma “hasta los 84 años”, cuenta. Asimismo, trabajó en la Familia Siciliana y en la Sociedad Friulana.

Otro de los gustos de Sara es la literatura. Cursó un taller literario y terminó escribiendo narraciones, cuentos y relatos, algunos de los cuales le valieron premios. Fue dichosa de ganar un concurso y obtener una beca que le permitió conocer ciudades de Italia a principios de 1971. “Fue un viaje inolvidable; y me encantó Roma”, resalta.

Confiesa ser “católica creyente” y dice que jamás falta a misa. Es fiel lectora de La Voz del Interior . “El diario me acompaña desde chiquita. Mis padres conversaban sobre las noticias que leían y nos enterábamos de todo; me contagiaron el gusto por la lectura”, pondera Sara.

Pedro y Sara (Pedro Castillo/LaVoz).
Pedro y Sara (Pedro Castillo/LaVoz).

Mientras transcurre la charla con

La Voz del Interior

, Pedro no deja de hacer el típico gesto técnico de los boxeadores: mueve su cabeza como esquivando golpes al mentón y ensaya su trompada predilecta: la derecha.

“En cada pelea la gente me gritaba: ¡tirá la derecha!”, rememora Pedro. Su esposa asiente con el ceño: “Es que pegaba muy fuerte con esa mano”.

En aquellos tiempos, Pedro tenía otro apodo: “Mono”, porque se caracterizaba por sus largos brazos. Entrenaba en el Córdoba Sport Club y competía en la categoría “livianos”.

Pedro no recuerda con exactitud cuántas peleas ganó, pero asegura que “muchas fueron por nocaut”. Estuvo a punto de saltar a la fama cuando le aguantó siete

rounds

a Gatica, un sábado inolvidable que marcó su historia para siempre.

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Sara cree que le tendieron una “trampa” a su marido: “El día anterior a la pelea, los organizadores lo obligaron a perder dos kilos. Casi no comió, hizo ejercicios con ropa de lana para transpirar y así quedó muy débil; tuvieron miedo de que le ganara a Gatica por nocaut y se les cayera el negocio”.

Pedro también combatió contra Alfredo Prada, el clásico rival de Gatica. Como boxeador, conoció Chile, Ecuador y Perú.

En su casa, se conserva la tapa de la revista El Gráfico del 11 de diciembre de 1942, año en que Pedro se consagró campeón argentino. Aparece allí con otros destacados deportistas. Cuando abandonó la actividad pugilística, Pedro se dedicó a las bochas, deporte que abrazó con gran pasión. Pasaron los años y también trabajó como chofer del Hospital Aeronáutico, institución en la que se jubiló.

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Pedro es amigo del periodista Rubén Torri y también tiene fotos con él. “Siguió sus pasos como boxeador”, indica Sara. Sin pudor, en un momento Pedro se arremanga sus pantalones y muestra las cicatrices de varias cirugías en sus rodillas, que dolían por demás tras una vida dedicada al deporte.

Sara y Pedro cumplieron 70 años de unión matrimonial. Valoran mucho eso, pero más valoran tener una “hermosa” familia que siempre los cuida.

Toda la familia. Pedro y Sara y sus seres queridos (Pedro Castillo/LaVoz)
Toda la familia. Pedro y Sara y sus seres queridos (Pedro Castillo/LaVoz)