En la peatonal hay venta hasta después de la medianoche
Las horas de la noche son propicias para los vendedores. De lunes a lunes despliegan productos.
Se equivocan quienes creen que los vendedores ambulantes de la peatonal de la ciudad de Córdoba sólo despliegan telas a plena luz del sol. Desde hace meses, entre 30 y 50 se volvieron "noctámbulos", aunque esta cantidad varía. Suele haber más en días tórridos que en días fríos, porque la gente pasea más. Como un fenómeno que los inspectores tildan de "reciente", ahora los vendedores ambulantes también ofrecen productos en la peatonal hasta pasada la medianoche. Se trata de desocupados, madres con hijos a cargo y personas con trabajos informales que buscan paliar su magra economía vendiendo mercadería al margen de lo legal.Como norma, los vendedores "copan" la peatonal cualquier día desde las 20 (cuando los inspectores municipales se van) y se quedan todo lo que pueden, en función del interés de potenciales clientes que concurren a cines, restaurantes y lugares de entretenimiento. Puede vérselos en la primera y segunda cuadras de calle San Martín, en la 9 de Julio y en Rivera Indarte entre Deán Funes y 9 de Julio.De día, muchos vendedores nocturnos abren puertas de taxis, hacen changas y elaboran artesanías. Algunos eligieron tener puestos al aire libre para no trabajar en relación de dependencia en una empresa. Otros se dedican al comercio ambulante para sobrevivir, ya que no poseen empleo formal.Además de cordobeses, hay vendedores de otras provincias y de países como Perú, Bolivia, Chile, Paraguay y Brasil. Incluso, algunos son africanos. Ofrecen un amplio espectro de productos: películas, libros, juguetes, herramientas, perfumes, CD, ropa, bijouterie, accesorios eléctricos, del hogar, sahumerios y cuchillos, entre otros.Algunos vendedores son acompañados por familiares, que amenizan el tiempo y charlan, matean, tejen y estudian.Cuidar el lugar en la peatonal es vital para los vendedores ambulantes. Algunos llegan a pelearse entre sí, como si el espacio fuera de ellos. La mayoría se queja por los operativos de control. "La Policía nos hace levantar los paños y se queda con la mercadería", critican. Relatos de vida. Juana Quinteros elabora artículos textiles en lana y los vende cada noche. "Hay días que me va bien y otros no tanto", reflexiona. Viuda a los 31 años, tiene un hijo que estudia en la facultad. "Se me complica pagarle la pensión y la comida", admite. Noemí Oros debe alimentar a una hija. Llegó desde Buenos Aires para dedicarse a la venta callejera. "Se vende poco y es una lotería; cuando hay controles te quitan las cosas y te llevan detenida a Bouwer", refunfuña. Elba Vega se jacta de que su "especialidad" es tejer chalecos, aunque hace collares y aros. "Es mi medio de subsistencia, no tengo trabajo", confiesa, mientras su hija veinteañera estudia a su lado "para salir de la calle y conseguir laburo". Las hermanas peruanas Yesenia y Jenny venden juguetes y bijouterie. "La gente consulta precios, pero no siempre compra; se vende más los fines de semana", indican. Y dicen que en invierno son "las únicas" que continúan vendiendo.

