Papá, bajá un cambio
Muchos padres dejan lecciones maravillosas a sus hijos. Edgardo Litvinoff.
Muchos padres dejan lecciones maravillosas a sus hijos. Algunas de ellas incluyen abultadas deudas que, en definitiva, también sirven para aprender. Aunque sea cómo salir del Veraz. Otros creen que para aguantar los golpes de la vida bien vale ir ensayando desde chiquito, cuando aún no hay tanta metáfora.Woody Allen contaba que sus padres no solían pegarle. Lo hicieron una sola vez: empezaron en febrero de 1940 y terminaron en mayo de 1943.Distinta es la historia de Juan Sebastián Santos Marroquín, cuyo papá le enseñaba a jugar al fútbol, a andar en bicicleta y a cantar las canciones del Topo Gigio. Y cada vez que, de niño, apoyaba el dedo sobre un animal de la National Geographic que le gustaba, el padre lo hacía traer de donde fuera para engrosar el zoológico de su hacienda, en Nápoles. El padre en cuestión era Pablo Escobar Gaviria, el narco colombiano más poderoso del mundo hasta que fue asesinado, en 1993.Otro caso ilustrativo es el de Macaulay Culkin, el actor que a los 10 años ganó varios millones de dólares por su actuación en Mi pobre angelito . A partir de entonces, sus padres se separaron y comenzaron un juicio sangriento por la custodia del niño y sus millones, con escándalos y con el pequeño en los estrados judiciales. Apenas cumplió 18, Macaulay cortó relaciones con ellos y entabló un juicio contra su padre, por dinero. El joven vaga hoy por Los Ángeles, aunque la mayor parte del día su estado psicoactivo le impide saber si está allí o en una ceremonia de Ayahuasca en el Amazonas. Raíces y alas. Es un misterio entender por qué la relación más estrecha del mundo –la de la paternidad– es capaz de generar situaciones en las que el daño acompaña al amor en la misma magnitud. Quizá porque, como afirmaba el escritor español Enrique Jardiel Poncela, "sólo podemos aspirar a dejar dos legados duraderos a nuestros hijos: uno, raíces; y el otro, alas". Y en ese intento, llenamos a ambas de tijeretazos.Los padres separados conocen bien esa sensación, que se vuelve un desafío.En esos casos, el Día del Padre, que hasta el año anterior era nada más que una jornada de potenciación de ventas, se transforma hoy en un premio inigualable, monumental, que sólo de manera colateral tiene que ver con la extrema dicha de sentir cerca a los hijos: es, principalmente, preguntarse por primera vez a qué altura de ese desafío están. Eso resignifica la emoción de verlos jugar, dormirse, enojarse, tantearnos y enseñarnos a punta de imperfección que la felicidad se encuentra bastante más cerca de lo que se pensaba o aspiraba.Como decía Oscar Wilde, "los niños comienzan por amar a sus padres. Cuando han crecido, los juzgan. Y algunas veces, hasta los perdonan".

