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La pantagruélica boda de "Chachi" y el traspié del cura

Hacía como 20 años que don Hipólito Tulián no visitaba el lugar donde trabajó como picapedrero y formó su familia con alegría.

16 de enero de 2013 a las 12:01 a. m.
La pantagruélica boda de "Chachi" y el traspié del cura

Hacía como 20 años que don Hipólito Tulián no visitaba el lugar donde trabajó como picapedrero y formó su familia con alegría. Por eso el regreso le infló de emoción el pecho y cada ruina que iba reconociendo durante la recorrida que compartió con La Voz del Interior le traía a la memoria una pila de recuerdos. Entre tantas anécdotas desempolvadas, narró dos con lujo de detalles: la fiesta de bodas del hijo del patrón y otra que tuvo como protagonista estelar al fraile que oficiaba misa cada dos semanas en la hoy quimérica aldea minera. Ambas tuvieron lugar en el amplio cobertizo de arcos enormes hacia el naciente, atrás de la escuela. El espacio –cubierto con techo de chapa– se utilizaba, de manera indistinta, como taller mecánico de máquinas y vehículos de la cantera, salón para los actos escolares, pista de baile o lugar donde celebrar los acontecimientos sociales."Acá se pusieron las mesas cuando se casaron Animé y 'Chachi' Funes, el hijo de don Gabriel. Hubo como 300 invitados. Le ayudamos a Pepe Gomar a asar la carne con cuero y las mujeres se encargaron de las empanadas", recuerda.Una banda de músicos amigos del novio animó la velada en la que se comió y bebió como para batir récords, asegura el baqueano jubilado. Todo transcurrió sin inconvenientes hasta que amaneció y el sol ayudó a fermentar el alcohol incorporado a la sangre de los contertulios, apunta el guía. "La historia del cura es graciosa", anticipa don Hipólito."Un fin de semana, después de misa, nos juntamos en la piecita del fondo del salón a jugar a las cartas por 'chirolas'. Cuando a la tardecita el cura enfiló para irse, no se dio cuenta de que la fosa estaba destapada. Y allá fue... terminó desparramado en el fondo zanja", evoca con picardía.