La orquesta social les abrió las puertas del Conservatorio
Tres violinistas de la Escuela Arzobispo Castellano cursarán un trayecto artístico profesional. Las familias creen que la música les permitirá tener un buen futuro. Videos y fotos.
"En una orquesta aprenden, se entretienen, salen de lo común y entran en la música. Para mí es el orgullo más grande. Cuando la veo tocar se me pone la piel de gallina y se me caen las lágrimas. Lo que yo no pude ser es mi hija", asegura Mariela, mamá de Xoana Caminos (12), una de las violinistas becadas por el Conservatorio Superior de Música Félix T. Garzón. La niña junto a Lucila Bolilla (12) y Manuel Fernández (12) son alumnos de sexto grado de la Escuela Arzobispo Castellano de barrio Suárez, e integrantes –durante años– de la Orquesta Social del programa de Asistencia Técnica Escuela Comunidad (Atec) del Ministerio de Educación de Córdoba. Son, también, desde hace poco, alumnos del Conservatorio. Un convenio entre las partes lo hizo posible (ver especial interactivo). La historia comenzó en 2006 cuando la escuela se incorporó al proyecto nacional de orquestas sociales infantiles, una idea que prendió con fuerza en varios países latinoamericanos que trabajan con la música en contextos vulnerables. Xoana, Manuel y Lucila son parte de esa iniciativa y vecinos de barrio Suárez y Ferrer. Todos viven a pocas cuadras de la escuela, que se hizo conocida por su apuesta educativa en un contexto de marginalidad, pobreza y de estigmas sociales (ver "La música saca a los chicos de la calle"). Una oportunidad única. Los tres se calzaron un violín en segundo grado, cuando ni ellos ni su familia soñaban con ejecutar un instrumento (que les entregó el Programa Nacional de Orquestas Infantiles) ni ser alumnos del Conservatorio mayor de Córdoba ni interpretar a J. S. Bach, como lo hicieron ayer en la Escuela de Cerámica de la Ciudad de las Artes, en el cierre del año. Lucila, Manuel y Xoana se incorporaron a mediados de julio a la Orquesta Juvenil del Conservatorio, de 55 integrantes, que dirige Amalia Coria, profesora de la Cátedra de Violín. "Se han integrado muy bien y hasta han cambiado algunos hábitos", dice Coria. "Esta es una posibilidad única porque seguramente les sería muy difícil llegar al Conservatorio de otra forma. Es una experiencia que les permite tener otra oportunidad, ser profesores, poder enseñar a otros como ellos, tener una mejor vida a través de la música. Ese es nuestro objetivo", asegura Coria.Mariela, Rosa (mamá de Manuel) y Claudia (mamá de Lucila) coinciden en que estudiar en el Conservatorio es un excelente regalo que llegó gracias a la iniciativa de Viviana Altenburger, coordinadora pedagógica del proyecto de orquesta en la Arzobispo Castellano y pianista acompañante en la Orquesta del Conservatorio. Las tres familias saben que no pueden dejar pasar la oportunidad."Lucila está a full , estudiando con muchas ganar para progresar. Yo la apoyo, me encanta que tenga un futuro en lo que le gusta, y que lo demuestre", dice Claudia, la mamá. "Es un oportunidad que hay que aprovechar. No estaría al alcance mío mandarla a otro lado. Tiene que poner todo su empeño". Una apuesta al futuro. Para Altenburger, la música ayuda a todos los niños a desarrollarse como mejores personas. "El querer superarse y hacer de sus vidas algo distinto a lo que ofrece el medio en el que les tocó vivir depende de ellos. Nosotros abrazamos la responsabilidad de brindar oportunidades y acompañarlos mientras lo necesiten". Para Oscar Gieco, director del Conservatorio, el acuerdo es una ayuda a la inclusión. Es una puerta que se abre. Allí, tienen los mismos derechos y obligaciones que el resto. La única diferencia es que son acompañados por un profesor durante dos años y cursan un período de adaptación antes de iniciar el trayecto artístico profesional. "Con la música también se enseña una disciplina, que contribuye a organizar la vida futura. La música forma personas sanas", opina Gieco.

