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Una nueva vida después del calvario

Ernestina Guevara fue absuelta en la causa por la muerte de su hija al nacer. Se conoció cómo ocultó su embarazo y llegó al parto sin asistencia.

25 de abril de 2011 a las 12:01 a. m.
Una nueva vida después del calvario

María Ernestina Guevara hace pocas semanas eludió una muy probable condena de prisión perpetua y fue absuelta de la muerte de su bebé en el momento del parto. El juicio celebrado en la Cámara Cuarta del Crimen reveló la verdadera trama que envolvió la muerte de la niña, cuyo cadáver fue hallado en una bolsa de consorcio en la vereda de la cuadra donde vivía. No pocas circunstancias marcaron a esta mujer durante su ocultado embarazo y en el momento del parto. El debate oral permitió desentramparlas y echar luz a la verdad. Hoy, la joven, de 24 años, oriunda de Río Gallegos y estudiante en Córdoba, se para en un "volver a empezar" y analiza lo que le pasó y lo que se inicia a partir de su "nueva vida".Desde aquel 14 de junio de 2009 hasta el 31 de marzo pasado, Ernestina estuvo presa en Bouwer. Durante las tres audiencias del juicio estuvo llorando casi todo el tiempo. Al leerse el veredicto unánime con su absolución sufrió una severa descompensación física y emocional. El tribunal también dispuso asistencia psiquiátrica y que la chica quedara a cargo de su abogado, Alberto Simón, y su amiga, Guadalupe Novas. Libre pero con desafios. Se abría un nuevo capítulo en su vida: libertad pero con un panorama de enormes dificultades. ¿Cómo transcurre esa nueva etapa? "Estoy mejor, con la facultad, para terminar las seis materias que me faltan de gastronomía. Estoy con mi mamá, viviendo en Villa María, las dos con tratamiento psiquiátrico", señala Ernestina con una tenue sonrisa que no se le conoció durante dos años. Su abogado, Alberto Simón, hasta hace poco a cargo de su tutela, comenta: "Esto no ocurrió al azar, es consecuencia de una gran deficiencia familiar" (ver El juicio... ).La madre de Ernestina, a medida que fue transcurriendo el debate, fue cambiando su actitud distante y llegó a Córdoba el día de la libertad. El padre, hombre de pocas palabras, también asumió la situación. –¿Por qué ocultaste tu embarazo? –Si se enteraban, mis padres ponían el grito en el cielo. Era volverme y dejar la carrera. Un montón de veces quise ir a visitar la familia pero no me dejaban porque tenía que quedarme con mi hermana. Estaba muy mal, no podía hablar con ellos y el padre de la bebé me había dejado cuando se enteró del embarazo. Yo se los iba a decir en el cumpleaños de 80 de mi tía, pero nació unos días antes. –¿Por qué tampoco le contaste a Guadalupe, tu mejor amiga? –Porque ella les iba a contar a mis padres, y quería contárselo yo.De lo que pasó dentro de ese baño prefiere no hablar. "Tiene un alto costo psíquico", confía el abogado. Nuevos aires. Ahora, las cosas comienzan a cambiar. "Mi mamá se recrimina los errores que cometió porque no escuchó; mi papá igual, aunque no hable mucho", dice ella, con alivio. Junto a su libertad, a la familia le llegó la noticia del primer nieto, hijo de la hermana mayor de Ernestina. Sobre el presidio, señala que las otras internas le tenían mucha envidia y la trataban mal. "Lo de Bouwer fue un infierno. Desde que entré hasta que me fui me robaron y me golpearon (las otras internas). Estuve durmiendo sola en una celda y una vez me pusieron en una cama de sujeción, con cadenas". Esta medida, prohibida por la Justicia fue, según ella, cuando intentó suicidarse por primera vez. El filicidio es uno de los peores crímenes en los penales femeninos, acaso similar al de violación en cárceles de varones. "Tuve muy buen trato de las guardiacárceles, desde la directora hasta la última empleada y los médicos", agrega.Respecto de sus dos intentos de suicidio, dice que tenía angustia por estar sola, por no ver a su familia (fueron a visitarla muy pocas veces a la cárcel). "A veces me reprochaba cosas, pero siempre supe que era inocente, que no la había matado".