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Investigación. No es falta de amigos: la verdadera razón por la que muchos jóvenes se sienten solos

Un estudio de la Universidad de Kansas revela que la soledad entre jóvenes no se explica por la falta de amistades. La clave está en cómmanejar la inestabilidad social y emocional.

12 de diciembre de 2025 a las 10:55 a. m.
No es falta de amigos: la verdadera razón por la que muchos jóvenes se sienten solos
Un estudio estadounidense analiza la desconexión social de los adultos jóvenes. (Europa Press)

La creencia de que los jóvenes son la generación más conectada choca con una realidad matizada. Los adultos emergentes (18 a 25 años) experimentan las tasas más altas de soledad y desconexión social en comparación con otros grupos etarios.

Esta es la conclusión central de un artículo de investigación publicado en la revista PLOS One por Jeffrey A. Hall, Natalie Pennington y Amanda J. Holmstrom. El estudio, basado en una gran muestra representativa de 4.812 participantes en Estados Unidos, aclara que esta soledad no implica una falta de relaciones, sino que coexiste con ellas.

Los resultados demuestran que, si bien el malestar social (soledad y desconexión) es más alto para los adultos emergentes, el bienestar social (conexión, compañía y cantidad de amigos) también es alto para ellos. Los investigadores describen esta experiencia dual como una “ambivalencia” en la salud social.

Un fenómeno más complejo que el aislamiento

Los indicadores de conexión, compañerismo y cantidad de amigos son más altos para los adultos jóvenes y los adultos mayores, declinando en la mediana edad. Por el contrario, la soledad y la desconexión social disminuyen linealmente desde la juventud hasta la edad adulta mayor.

Un análisis de conglomerados identificó que la mayoría de los participantes (el 61%, o 2.944 individuos) caía en el grupo caracterizado por un alto bienestar social y niveles moderados de malestar social.

La paradoja de los cambios de vida

Este grupo “ambivalente” de adultos emergentes tiende a ser más joven, más educado y pasó por una mayor cantidad de cambios de vida en el último año que otros grupos.

Los autores sugieren que la soledad en la adultez emergente no es por la ausencia de compañía y amistad, sino que es característica de los cambios rápidos de vida y de la falta de “permanencia y rutina relacional”.

Actividades normativas de esta etapa, como mudarse a un lugar nuevo, iniciar o finalizar estudios, cambiar de trabajo o terminar relaciones románticas, interrumpen las rutinas diarias.

Estos logros, aunque típicamente vistos como positivos, son socialmente disruptivos, especialmente para el mantenimiento de las amistades. El constante flujo de estas transiciones forestal la “seguridad ontológica”, que es la sensación de estabilidad y previsibilidad creada por las prácticas diarias rutinarias.

Tensión entre conexión y tiempo

Sentirse acompañado por familiares, amigos o colegas impacta positivamente en la salud física, mental y el rendimiento académico y laboral. (Unsplash)
Sentirse acompañado por familiares, amigos o colegas impacta positivamente en la salud física, mental y el rendimiento académico y laboral. (Unsplash) (la voz)

Los miembros del grupo ambivalente estaban más satisfechos con el número de amigos que poseían y sentían que “no era difícil hacer nuevos amigos”.

Incluso, este grupo era más propenso a tener amigos que celebraban sus buenas noticias, comparado con otros grupos.

Sin embargo, comparados específicamente con el grupo de mayor bienestar social, los participantes ambivalentes estaban menos satisfechos con la cantidad de tiempo que podían pasar con sus amigos. Esta tensión sugiere que, a pesar de tener abundancia de conexiones, existe una dificultad para mantener el tiempo dedicado a las relaciones debido a las demandas propias de la edad.

En contraste, el grupo con el más alto bienestar social y el más bajo malestar (la “mejor salud social”) estaba compuesto por adultos mayores que enfrentaban menos cambios y disfrutaban de un mayor grado de rutina y estabilidad.