Pantallas. "Si nadie se lo da, nadie queda afuera": un grupo de familias de Monte Cristo acordó no entregar celulares hasta terminar la primaria
Padres y madres de tercer grado del colegio Instituto Parroquial Monte cristo impulsaron un pacto voluntario para retrasar la entrega del primer celular propio y el acceso a redes sociales. La iniciativa nació tras una charla sobre salud digital y ya comenzó a replicarse en otros cursos.
Todo empezó con una pregunta que muchas familias se hacen casi en silencio: ¿realmente nuestros hijos necesitan un celular propio a los ocho o nueve años?
La respuesta, al menos para un grupo de padres y madres del Instituto Parroquial Monte Cristo, fue no.
Pero enseguida apareció otra preocupación: ¿cómo sostener esa decisión?
La solución llegó de la mano de una construcción colectiva. Más de 25 familias de dos terceros grados firmaron un pacto de corresponsabilidad digital mediante el cual se comprometieron a no entregar celulares ni tablets de uso personal hasta finalizar la escuela primaria y a retrasar el acceso a redes sociales, al menos, hasta los 16 años.
"Cuando uno habla con las familias aparece siempre lo mismo: muchas veces el celular no se entrega porque los padres estén convencidos, sino por la presión social, porque el resto lo tiene o porque el hijo insiste. Si logramos que haya diez o quince familias alineadas, ya se genera un entorno mucho más saludable", contó Marilena Fernández, una de las impulsoras de la iniciativa y mamá de un alumno de tercer grado.

La propuesta nació después de que Fernández conociera el trabajo de la ONG Pacto Parental, surgida en Mendoza, que promueve acuerdos voluntarios entre familias para retrasar el acceso de niños y adolescentes a dispositivos y redes sociales.
Sin embargo, en Monte Cristo decidieron darle un paso más. Con el acompañamiento de la escuela, adaptaron el documento original e incorporaron compromisos no solo para las familias sino también para la institución educativa.
El acuerdo establece que los padres evitarán entregar dispositivos personales antes de terminar el nivel primario, promoverán espacios libres de pantallas dentro del hogar y acompañarán el uso de la tecnología con diálogo y límites claros.

La escuela, por su parte, se comprometió a sostener un ambiente libre de distracciones mediante la prohibición del uso de celulares personales durante la jornada escolar y a fortalecer la formación en ciudadanía digital.
"Pensamos que la tecnología llegó para quedarse, pero eso no significa que no podamos poner reglas. Lo que estamos haciendo es construirlas entre todos", explicó Fernández.
Antes de firmar el acuerdo, las familias participaron de una charla abierta a cargo de la neuróloga Lorena Bottero, especializada en neurodesarrollo. La organización fue tal que hasta consiguieron auspiciantes para cubrir los honorairos y viáticos de la especialista.
"La idea no era llegar con el pacto y decir 'firmen'. Primero quisimos poner el problema sobre la mesa para que apareciera la necesidad de buscar una solución", relató.
La convocatoria también tuvo una particularidad: fue impulsada por los propios padres: comenzó Marilena, que es licenciada en Educación especial, y quien se contactó con otras mamás, Adriana Digón y Emilse Pucheta que son psicólogas y rapidamente se fueron sumando manos y apoyos de otros padres para la iniciativa.
"Nos dijo que era la primera vez que la convocaban directamente las familias. Habitualmente la llaman escuelas, municipios o instituciones. Eso nos hizo pensar que los padres también estamos empezando a asumir un rol más activo en este tema", contó.
Después de la charla llegó la firma y, con ella, un efecto contagio. Desde lospadres buscan impulsarlo también en grados más chicos como primero y segundo.
La experiencia comenzó a circular entre otras familias, despertó consultas de escuelas de distintas localidades y ya hay padres de cuarto grado que manifestaron su interés en replicarla.
Además, quienes firmaron el acuerdo en tercero conformaron un grupo de Whatsapp para compartir dudas, estrategias y experiencias vinculadas a la crianza en tiempos de pantallas.
"Es un espacio donde nos acompañamos. Hay familias que atravesaron situaciones difíciles, como chicos que accedieron muy temprano a pornografía o que empezaron a tener problemas de ansiedad o de sueño. Poder hablar de esas cosas con otros padres ayuda mucho", sostuvo Fernández.
La experiencia de Monte Cristo se suma a otras iniciativas que comenzaron a aparecer en Córdoba para limitar el uso temprano de teléfonos inteligentes.
Esta semana, por ejemplo, el Concejo Deliberante de la ciudad de Córdoba aprobó una ordenanza que restringe el uso recreativo de celulares en las escuelas municipales durante el horario de clases, con excepciones pedagógicas o por razones de salud.
En paralelo, el diputado nacional Juan Fernando Brügge presentó un proyecto de ley para limitar los mecanismos adictivos de las plataformas digitales dirigidas a menores de edad y reforzar la protección de sus datos personales.
Para Fernández, todas estas discusiones apuntan en una misma dirección. "Muchas veces creemos que no podemos volver atrás, pero sí podemos hacerlo. No se trata de prohibir por prohibir, sino de generar condiciones para que los chicos puedan crecer con más juego, más encuentros cara a cara y menos presión por estar conectados todo el tiempo."
Porque, al final, el mayor desafío quizás no sea decir que no a un celular. Sino lograr que ninguna familia tenga que sostener esa decisión en soledad.

