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Murió Julia, un caso testigo de la violencia de género

Había denunciado 25 veces a su expareja quien, pese a una orden de restricción, la apuñaló en febrero/ Sobrevivióde casualidad, pero su salud empeoró en los últimos días y falleció.

19 de julio de 2013 a las 09:24 a. m.
Murió Julia, un caso testigo de la violencia de género
Para la familia, los años de maltrato deterioraron la salud de Julia Torres. Sus hijos piden que agraven la imputación de su expareja (La Voz/Archivo).

Julia Torres lo había denunciado 25 veces. Frente a un policía, en la barandilla de la comisaría, pidió auxilio sin respuestas. La Justicia tampoco le hizo demasiado caso: una consigna frente a la puerta de su casa de José Ignacio Díaz, 3ª sección, en la ciudad de Córdoba, que pocas veces se cumplió. El viernes 8 de febrero de este año, el calvario de esta mujer, tan íntimo, se hizo público. Aquella madrugada calurosa, cerca de las 5.30, su ex, enajenado como otras veces, la había atosigado por teléfono. Luego, tomó su auto Renault 9 y llegó hasta la casa de la mujer. Arremetió contra el portón del garaje e ingresó dispuesto a matarla. Ella intentó correr hacia el baño, pero él la alcanzó: con una cuchilla clavada en el estómago llegó al shock room del Hospital de Urgencias."Por momentos, sentía un frío en el cuerpo, como que me iba a descomponer... Pero pensaba 'no me puedo desmayar porque les tengo que decir a los médicos qué remedios tomo y que soy alérgica a la penicilina'. Y así aguanté", recordó tiempo después.Es que pese al pésimo pronóstico inicial (la profunda puñalada le afectó el estómago, bazo, hígado y pulmón), Julia poco a poco comenzó a mostrar signos de mejoría. Dejó la terapia intensiva, pasó a una sala común y justo un mes después, el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, volvió a su casa, no sin antes comprometerse a continuar con la fisioterapia respiratoria. Tristeza e impotencia. Aunque se la notaba triste, impotente, sin poder sacarse de encima la sombra de su expareja, Alberto Gonzalía (53, ya preso en Bouwer e imputado por supuesto "intento de homicidio", según lo dispuso la fiscal Bettina Croppi, a cargo de una de las dos fiscalías de violencia doméstica), Julia se había propuesto empezar de nuevo con su vida. Desde el penal, Gonzalía llamaba todos los días al teléfono fijo de la casa. No le contestaba, pero insistía. Debió cambiar el número y realizar otra denuncia judicial para que le impidieran volver a comunicarse.Él, según recordaba Julia y sus hijas, jamás había obedecido. "A las órdenes, las violaba sistemáticamente, aún con restricción venía acá a cada rato, como pancho por su casa", contó María, hija de ambos.El hombre, alcohólico, en distintas oportunidades fue obligado a realizar un tratamiento en el Instituto Provincial de Alcoholismo y Drogadicción (Ipad), aunque jamás se recuperó.A fines de 2012, había intentado ingresar en la casa donde vivían Julia y sus tres hijos (dos mujeres y un varón), por lo que recibió 20 días de arresto. En esa oportunidad, la fiscal Croppi dispuso que la vivienda quedara con custodia permanente. El día que atacó por última vez, no estaba el agente asignado.Antes, supo recordar Julia cuando recibió el alta, Gonzalía quiso quemar la casa. Cuando fue a denunciarlo, se topó con una respuesta insólita. El uniformado que la atendió le dijo que su ex también era dueño de la vivienda y podía hacer lo que quisiera. Décadas de maltratos. A poco de ser dada de alta, la mujer hizo un repaso de los últimos 20 años de su vida, plagados de maltratos y denuncias que quedaron en un cajón. El agresor, por primer vez, tenía por delante un largo tiempo en prisión y ella acababa de sobrevivir al peor pronóstico. "Primero por vergüenza, y después por falta de valor, aguanté tanto tiempo, hasta que un día decidí tomar las riendas, me animé a salir, a buscar un trabajo, a enfrentarlo", intentó resumir.Poco tiempo después, Julia consiguió trabajo cuidando niños en una casa de familia. Sin embargo, su ánimo nunca volvió a levantar, recordó ayer su hija María. "El (martes) 25 de junio volvió de trabajar con fiebre, se acostó porque se sentía mal y al otro día ya no se podía levantar, tenía mucho dolor en las articulaciones, en las manos y los pies. La llevamos al Hospital San Roque", empezó a relatar la joven los últimos días de su madre. Allí, los médicos que ordenaron que quedara internada constataron que padecía de una severa deshidratación, producto de una gastroenteritis. "Era un virus que un cuerpo normal lo hubiera sobrellevado, pero ella no, porque tenía lastimado el pulmón y había perdido el bazo", continuó su hija. Julia padecía de fibrosis pulmonar y artritis reumatoidea. "Todo, producto de la depresión a la que él la llevó", subrayó.Del San Roque la derivaron al Sanatorio Mayo, donde murió el martes 9 de este mes. Su cuerpo no resistió a una falla multiorgánica."El médico que siempre la atendió a mi mamá nos dijo que para él, su muerte tiene una relación directa con las heridas que él (por Gonzalía) le produjo. Ella era una persona inmunodeprimida sin defensas", agregó la joven. Agravar la pena. Ahora, esperan que termine la feria judicial para ir a Tribunales II el próximo lunes y pedirle a la fiscal Croppi que cambie la carátula que pesa sobre el hombre. Gonzalía espera en prisión para ser juzgado por la Cámara 2ª del Crimen por el supuesto delito de "homicidio calificado en grado de tentativa". "Queremos que lo imputen por el homicidio de mi mamá", cerró María.

En detalle

Consultas. El teléfono 0800-888-9898 es el número gratuito para cualquier tipo de consultas sobre violencia familiar, las 24 horas. Personalmente, en Olmos 175 de 8 a 18.

Denuncias. Para hacer denuncias por hechos de violencia física o amenazas, hay que ir a la Unidad Judicial de Violencia Familiar, en Duarte Quirós 650, las 24 horas. En el interior, acudir a las comisarías o unidades judiciales.