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"Mi gran privilegio es haber encontrado mi misión en la vida"

María Rosa Aguirre creó la Fundación Manos Creadoras, que estimula a 30 chicos con capacidades diferentes.

23 de mayo de 2011 a las 12:01 a. m.
Rosana Guerra (Especial)
"Mi gran privilegio es haber encontrado mi misión en la vida"

Hace 11 años, con una herencia familiar, compró una casa antigua en barrio Güemes. Y allí abrió la Fundación Manos Creadoras. Con este centro de arte y oficios para personas con discapacidad, María Rosa Aguirre (62) pudo cumplir su sueño. Un sueño que se forjó cuando trabajaba en Apadim como docente de cerámica. Ella es la impulsora y el alma máter de este proyecto. "Soy la que hace los trámites, la que barre la vereda y la que limpia el tanque de agua. Paso más tiempo acá que en mi casa y por ahí mis hijos me dicen que esto más que una fundación parece una fundición", bromea. María Rosa es profesora de música, pero su pasión para trabajar con sus manos la llevó hace muchos años a estudiar cerámica, mientras cuidaba a sus hijos Verónica, Ingrid, Ariel y Jeremías.Un día, mientras torneaba arcilla, sintió que tenía que enseñar cerámica. Así que decidió abrir las puertas de su propia casa en barrio Tablada Park y llegó a tener 100 alumnas. Una de ellas trabajaba en Apadim y al poco tiempo le propusieron dar clases de cerámica en esta institución. "Desde el primer momento que entré allí, me sentí en mi salsa. Me impresionó mucho la avidez de los chicos por aprender, porque a veces a las personas discapacitadas se las subestima. No hay que poner ni límite ni techo al potencial que tienen", advierte entusiasmada. María Rosa relata la alegría que siente cuando ve que sus alumnos aprenden algo nuevo. "Los míos son de Harvard porque tienen unas carpetas súper prolijas. Me sorprenden continuamente sus avances y sus formas de expresar agradecimiento. La verdad es que me sostienen la espalda de una forma amorosa, me enseñan y me incentivan todo el tiempo a practicar la resiliencia. Ellos se mueven por el afecto. Por ahí, cuando los reto vienen y me abrazan como un niño de tres años", reflexiona emocionada. María Rosa es viuda, pensionada y el cajón de su escritorio está lleno de medicamentos porque es diabética y tiene presión alta. Sin embargo, continúa apostando a este proyecto, que la ayuda a seguir entusiasmada con la vida. "Todos tenemos una misión en esta vida pero sólo algunas personas la encuentran. Me siento privilegiada no sólo por haberla encontrado sino por haberme animado a realizarla", acota. Algunos de sus hijos le reclaman pasar más tiempo con ellos. Sin embargo reconoce que la apoyan en su cruzada y que su hija Verónica, que es médica y trabaja en Salta, la ayuda económicamente a sostener los gastos de la Fundación. Ella siente que si bien hubo avances, aún falta más reconocimiento respecto de lo que pueden llegar a hacer las personas con alguna discapacidad. "La sociedad los mira de una forma distinta y ya con eso los rotula. Los mismos padres los tratan diferente. Por ahí les digo que no hace falta que los vistan con cintintas, puntillas o moñitos, como si fueran chiquitos o muñequitos, porque así los estigmatizan. Tienen que enseñarles a higienizarse solos, a prender la cocina, a manejarse en forma independiente. Hay que enseñarles a resolver situaciones de la vida cotidiana, para que no sean un estorbo para sus padres, porque generalmente ellos son muy viejos y, cuando se mueran, sus hijos se quedarán solos", finaliza.

Uno suma

Por qué. Este espacio busca recoger la historia de las personas que, con poco o mucho, dedicando unas horas o el día completo, trabajan de manera solidaria para hacer que otros vivan mejor.

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