"Mi compromiso es ayudar a otros que pasaron por la misma situación que pasé"
Atiende la línea solidaria de Alma, ONG que asesora a familiares de pacientes con Alzheimer.Ayuda luego de que su esposa enfermó.
Alberto Elbio Martínez tiene 80 años y hace 10 que atiende la línea solidaria de Alma (Asociación de Lucha contra el mal de Alzheimer), una institución dedicada a contener a los familiares de pacientes que padecen esta enfermedad incurable (ver Teléfonos para ayudar). Su esposa Olga tuvo esta enfermedad y tanto él como sus hijos y nietos lo ayudaron a contenerla y cuidarla. "Le diagnosticaron un Alzheimer galopante en 2001 y 22 meses después falleció. Tenía 68 años". El voluntario relata que al principio, cuando su mujer se enfermó, se sentía deprimido y se encerraba en su habitación a dormir. "Buscaba refugio en la cama, porque me dolía mucho ver que ella no me reconocía", admite. Al comienzo se las arregló solo, pero cuando la enfermedad empezó a avanzar se mudaron a Córdoba. Vivían en Concordia, Entre Ríos. Apenas se enteraron del diagnóstico, su hija, Silvia Martínez, comenzó a participar en el grupo de autoayuda de Alma Córdoba y, al año, con su papá, decidieron ofrecer el teléfono de su casa para abrir una línea solidaria para todos los familiares con pacientes con esta enfermedad. "Hay gente que llama muy angustiada o enojada porque no sabe cómo atender al enfermo, te llaman a cualquier hora", dice Alberto. Su hija con la que vive en el centro de la ciudad reconoce: "En este servicio de voluntariado a veces ejercemos el ministerio de la escucha, porque la gente necesita ser escuchada", explica Silvia, quien es la presidenta actual de Alma Córdoba. En el teléfono se cuentan cosas íntimas y delicadas de las familias, como el de una señora con Alzheimer que pretendía dormir en la cama de su hija y de su yerno. "Ella desconocía a su hija y se había enamorado de su yerno, le hacía acordar a un novio de la infancia. Y uno está ahí para escuchar, son situaciones complicadas que hay que saber contener", dice Alberto. Su nieta Melina también estuvo en la línea solidaria. La llamaron porque el padre de familia quería ver el partido de fútbol y su suegra con Alzheimer no lo dejaba. Se produjo una discusión muy fuerte, "pero logramos que todo se acomodara", recuerda Silvia. Eterna paciencia. "En este trabajo de voluntariado aprendí a escuchar a la gente y a tenerle paciencia, porque aunque tenga que hacer otra cosa la dejo de lado porque mi compromiso es ayudar a otros que pasaron por la misma situación que pasé yo con mi esposa", señala Alberto, jubilado bancario. Le dedica varias horas por semana al trabajo solidario. "Muchos llaman por teléfono desesperados, cansados y nos consultan sobre si conocemos algún geriátrico en Córdoba. Yo les digo que no hay lugares especializados en Alzheimer y que es mejor que sigan con ellos lo más que puedan", agrega. Alberto tiene tres hijos, Silvia (56) Daniel (52) y Elbio (46). Silvia también advierte que no todos los miembros de la familia comprenden su trabajo de voluntariado.Uno de los hermanos, que vive en Concordia, me dice: "Qué ganas de complicarse la vida, mamá ya no está, para qué siguen removiendo el dolor y atendiendo ese teléfono", cuenta Silvia. "Lo que pasa es que cuando el Alzheimer llega a tu vida, te atraviesa y ya no podés volver atrás", finaliza emocionado Alberto.

