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"Me siento testigo privilegiado de la historia de Córdoba"

Raúl “Bicho” Bicecci, camarógrafo de Cine Press y de Canal 12, registró la imágenes de la vida cotidiana y de las grandes alegrías y los grandes dramas de los cordobeses durante cuatro décadas.

20 de noviembre de 2012 a las 12:01 a. m.
"Me siento testigo privilegiado de la historia de Córdoba"
Raúl Bicecci. Por la antena de Canal 12 se dispara al aire su trabajo. Acompañó la evolución tecnológica, desde el celuloide al HD (Raimundo Viñuelas/La Voz).

Ese miércoles, él, su papá, su mamá y sus hermanos se apostaron frente al televisor Shelby, en su casa de barrio Yofre, para ver el Reporter Esso. El informativo –que producía la agencia McCann Erickson y conducía Tito Bosch–, iba todos los días, de 22 a 22.15, por Canal 12.

El resumen del 29 de mayo de 1968 abrió con una crónica de la Guerra de Vietnam y continuó con una entrevista a Osvaldo Zubeldía. El director técnico de Estudiantes de la Plata contaba anécdotas durante los festejos por el triunfo que el “Pincha” había logrado, días antes, en la final de la Copa Libertadores de América.

Pero no eran esas las novedades periodísticas que los tenían casi hipnotizados frente al armatoste a válvulas.

Esperaban, con ansiedad, el acto que se había desarrollado, a la mañana, en la Plaza General Paz, con motivo de la celebración del 158° aniversario de la creación del Ejército Argentino.

“Recuerdo ese acontecimiento como si hubiera ocurrido ayer porque significó mi debut como camarógrafo”, comenta Raúl Bicecci.

“Cuando pasaron esa gacetilla, tuve la sensación de que el corazón se me iba a salir del pecho”, exagera.

Desde entonces, el “Bicho” (tal su apodo) ha registrado, en imágenes, el pulso de la historia de Córdoba en las últimas cuatro décadas y media.

"Te buscan de Cine Press". "Ese día, entró mi viejo a la pieza para avisarme que me buscaba un tipo de Cine Press. Era el gordo Córdoba. Me subió al taxi que esperaba en la calle y me llevó a la productora (en La Rioja 63) porque no había quien filmara ese evento", evoca con entusiasmo.

“Llegué al laburo y Víctor Quinteros me tenía preparada la ‘muda’ –una cámara Bolex Paillard– con 10 metros de película. Usé la mitad porque me pidieron unos 40 segundos”, precisa.

Hasta su iniciación como cameraman, se venía desempeñando como cadete y “tira cables” en Cine Press, la productora audiovisual que fundara, en 1956, un pionero de la televisión argentina: Julio Serbali.

En esa empresa –dice– aprendió los primeros palotes del oficio. “Entonces, tenía 19 años y, con una Bolex en la mano, me sentía el dueño del mundo”, apunta y la mirada se le ilumina.

Raúl Bicecci nació en San Francisco, el 24 de agosto de 1949. Vivió hasta los 5 años en El Fuertecito –cerca de Arroyito– y luego, en Tránsito, donde Luisa, su mamá, atendía la tienda familiar y José Martín, su papá, puso una pequeña fábrica de quesos. No les fue bien en los negocios y los Bicecci decidieron probar suerte en Córdoba.

“El primer tiempo acá fue muy duro y tuvimos que salir a trabajar con mis hermanos, porque mi viejo estaba desempleado”, evoca de aquella época.

Mientras cursaba el secundario a la noche en el Colegio Jerónimo Luis de Cabrera, entró como cadete en Cine Press, punto de partida de su pasión por registrar en celuloide los espasmos de la historia.

La realidad le regaló un baño de adrenalina en el festejo de su primer año en la actividad.

“Con Sergio Villarruel cubrimos el ‘Cordobazo’ para Canal 13, de Buenos Aires. Él era el cronista, Juan Marshal hacía el sonido, Carlos Olivera se encargaba del generador de electricidad para la cámara y yo, filmaba”, evoca con entusiasmo aquella pueblada del 29 de mayo de 1969. La protesta aceleró la caída de la dictadura de Juan Carlos Onganía y catapultó a Villarruel en el firmamento del periodismo televisivo argentino.

Bicecci siguió toda la campaña de Belgrano en el Campeonato Nacional de Fútbol de 1968 y de Talleres, el año siguiente. También capturó el gol de “palomita” de Juan Carlos “Milonguita” Heredia, con el que “El Pirata” le ganó a Talleres el clásico que disputaron el 26 de julio de 1970. Ese fue el primer partido que se televisó en Córdoba.

El 1971 ingresó a Canal 12, donde trabaja en la actualidad.

Asegura que en el plano deportivo, la mayor frustración que vivió dentro de una cancha fue la final en la que Talleres empató con Independiente en “La Boutique” de barrio Jardín, el 25 de enero de 1978, y perdió el título del Nacional. En 1980 sufrió otro desencanto, cuando Racing de Córdoba le cedió el campeonato a Rosario Central por diferencia de goles.

Por su labor, conoció a notables líderes sociales, políticos y religiosos. En el Arzobispado local, por caso, le estrechó la mano a Juan Pablo II cuando vino a oficiar la misa en el Área Material Córdoba, el 8 de abril de 1987.

Con su lente enfocó la violencia en la sepultura de Agustín Tosco, en los motines en las cárceles de Córdoba, en manifestaciones callejeras y en varias tomas del Rectorado.

–¿Cómo resumiría su trayectoria?

–Me siento un testigo privilegiado de la historia de Córdoba de los últimos 40 años. Y acompañé en este tiempo la evolución tecnológica, desde el celuloide al HD. No le puedo pedir nada más a la vida.